“La charlatanería no tiene límites, pero ahora, más que nunca, al parecer se dedica a encontrar en el lenguaje “científico” un gran aliado o legitimador. No importa mentir ni provocar que una sociedad con niveles de cultura científica muy bajos, tomen esos elementos para a su vez, “argumentar” sus decisiones en cosas realmente importantes, como las vacunas o diversas terapias médicas”.

 

Horacio Cano Camacho

Ayer fuimos a la tienda a buscar un “champú” y verdaderamente es sorprendente la cantidad de marcas, fórmulas, aplicaciones y todo tipo de mensajes impresos que buscan que nuestra decisión se incline por ellos. Incluso hay una sección para que los de mi edad soñemos que después de usarlo, seremos casi casi como el galán otoñal que nos presentan en la etiqueta y otros materiales promocionales.

Entonces la decisión de compra es difícil: ¿a quién quiero parecer? Desaparecer mis canas, darle más brillo, “revitalizarlo” y un larguísimo etcétera. El asunto se pone un poco más complicado cuando debo decidir si quiero que tenga ADN o esté enriquecido con células madre… ¡un momento! ADN o células madre suenan algo asqueroso, ah, pero tranquilos, es ADN vegetal y las células madre también. Pienso que tal vez mi cabeza ya parezca coliflor, pero ¿qué tiene que hacer el ADN o las células vegetales en mi cabello, además de los detergentes, ablandadores de agua, abrillantadores, aromatizantes, colorantes que ya lleva? Olvide decirles que también hay fórmulas con frutos del bosque, extractos antioxidantes, agua alcalina, bueno, hasta bendecidos por el Papa…

La charlatanería no tiene límites, pero ahora, más que nunca, al parecer se dedica a encontrar en el lenguaje “científico” un gran aliado o legitimador. No importa mentir ni provocar que una sociedad con niveles de cultura científica muy bajos, tomen esos elementos para a su vez, “argumentar” sus decisiones en cosas realmente importantes, como las vacunas o diversas terapias médicas.

Si bien, este uso tramposo de términos científicos en las estrategias de mercado no es nuevo, si se ha recrudecido. Cuando se descubrió la radiactividad, de inmediato se lanzaron productos de radio para tal o cual dolencia, lo mismo se hizo con la heroína o la cocaína, bueno, esta última hasta a los refrescos se la agregaban… Y es que, si algo tiene antioxidantes, extractos naturales como el ADN, liposomas, nano partículas o de plano, las células completas, o, por el contrario, se presenta libre de “transgénicos”, sin colesterol, gluten o lactosa, suena creíble y poderoso. Pero es un engaño que nos lleva a adquirirlo.

Sí, lamento decirles que esto es sólo un engaño. El pelo (el cabello es el conjunto de pelos de la cabeza), es, al igual que las uñas, un anexo de la dermis, una capa que forma la piel. Está formado por fibras de queratina (una proteína) y se compone por una raíz y un tallo. En la raíz está el folículo piloso (donde están las células vivas) asociado a las glándulas sebáceas, las cuales sintetizan el sebo y cuya función es la de lubricar y proteger la superficie de la piel. El tallo está formado por tres capas; la más interna o médula, formada por células completamente queratinizadas y… muertas y que ya no poseen núcleo; la parte intermedia o corteza que fijan los gránulos de pigmento y la más externa llamada cutícula, que da brillo y evita la entrada de cosas extrañas (como el champú).

Así que no importa que tenga el mejunje que nos pongamos, las células del folículo piloso jamás incorporarán el ADN, ni serán compatibles con células madre vegetales ni de otro tipo, porque, además, ninguna célula incorpora ADN a su propio ser, a menos que sea en forma de virus específico de ellas o se lo metamos mecánicamente y aún así, no se incorporará a nuestro propio ADN, no es tan simple o no seriamos lo que somos.

Todos los días comemos ADN, ARN, proteínas, lípidos y carbohidratos. Cada que comemos un alimento fresco, o con leves procesos de cocinado, estos entran en nuestro cuerpo y serán comenzados a digerir apenas tocar la boca y seguirán su degradación dentro del tracto digestivo hasta sus componentes menores. Sí, nuestras células no adquieren macromoléculas, sino los componentes más pequeños de ellas, para incorporarlos a su propio metabolismo y usarlos como ladrillos en la construcción de lo que necesitan. De manera que no importa que le demos y como se lo demos, terminará en lo mismo y esto incluye si comemos, nos untamos o bebemos “transgénicos”.

Y el cabello, la piel, la “vista” y cualquier otra característica, responderá a nuestro estado de salud, nutrición, hábitos higiénicos y factores ambientales. Si esto está bien, nuestro cabello lucirá, nuestra piel será tersa, nuestra vista será buena… de lo contrario, lo que debemos hacer es ir al medico para que determine el origen de nuestro mal aspecto.

Los antioxidantes que requiere vendrán en una dieta equilibrada y sana. No necesita “suplementos alimenticios”, ni vitaminas extra, ni proteínas de más, ni mucho menos ADN y “células madre” de ningún tipo, aunque suene espectacular el anuncio y nos muestre fotografías de que quedaremos como Brad Pitt o Scarlett Johansson o Choche, el de Bronco, si es su concepción estética (muy respetable).

Ya será tema de otra colaboración, pero lo mismo podemos decir del agua “alcalina”, los metabolitos milagro (como el resveratrol) y miles y miles de chapucerías más. Recuérdelo la próxima vez que le ofrezcan productos con balas mágicas. Por cierto, en el mismo estante vi un producto con ADN (pero vegetal, eh), junto a uno que garantizaba estar libre de transgénicos…


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.