“El dolor se percibe, en mamíferos y otros vertebrados a través de receptores. Los estímulos se llaman noxas y son percibidos por los receptores del dolor o nociceptores.”

 

Horacio Cano Camacho

Una sobrina me llamó por teléfono y me pidió ayuda con una tarea escolar: Ella quería escribir sobre el dolor en los “animales superiores” y su vínculo con aspectos de bienestar y ética. Es un tema muy importante, y si bien yo no soy especialista en eso, intenté ser de utilidad. Para comenzar hubo que aclarar ese concepto de animales superiores, que en biología no tiene ningún sentido. Podemos tal vez establecer una línea evolutiva entre la sencillez y la complejidad de los organismos, pero esa línea es solo una representación gráfica que no se interpreta de “inferior” a “superior” en sentido alguno…

Una vez aclarado ese punto -biólogo al fin-, le comenté que en realidad la capacidad de percibir las sensaciones de peligro o potencialmente peligrosas es ubicua en la naturaleza y el dolor es solamente una manifestación de estas señales en muchas especies. Una planta percibe el daño y la amenaza y, en consecuencia, activa los mecanismos de defensa. Puede distinguir entre el daño mecánico (un corte o herida mecánica, por ejemplo), del producido por un patógeno o un herbívoro y actuar en consecuencia. Que no “grite, sangre o se queje” es otro asunto, pero de que percibe el daño, claro que lo hace. Lo mismo podemos decir de una esponja, un gusano o un insecto. Todos los seres vivos tenemos sistemas de percepción de una amenaza o de que algo anda mal…

Los vertebrados (peces, ranas, reptiles, aves y mamíferos), tenemos la capacidad de percibir una situación de peligro y manifestarla como dolor. La percepción de este tiene un sentido adaptativo, porque nos permite escapar de situaciones peligrosas o buscar soluciones a algo que no funciona bien. El dolor es transitorio y responde a un traumatismo o una situación de riesgo como cortarse, el calor o frío extremos, o una enfermedad. Entonces el dolor es “bueno” y una ventaja evolutiva muy bien conservada, nos indica que hay un problema que requiere solución.

Los otros animales comparten con nosotros el mismo sistema nervioso, sustancias neuroquímicas, percepciones y emociones, todos ellos integrados en la experiencia del dolor. Que no lo expresen como nosotros, no significa que no lo sienten…

¡Imagine que no percibiéramos el dolor! Podría un taladro perforarnos la mano mientras hacemos un agujero, una sierra cortarnos el brazo, una fractura, el fuego alcanzarnos y nosotros tan campantes. Podríamos despertar con sangrados graves, heridas internas, tumores malignos que no vamos a atender porque no percibimos las alarmas…

Nosotros chillamos o gritamos de dolor y lo podemos expresar, pero hay quien sufre de insensibilidad congénita al dolor y esto es un mal muy grave. El dolor se percibe, en mamíferos y otros vertebrados a través de receptores. Los estímulos se llaman noxas y son percibidos por los receptores del dolor o nociceptores. Un receptor es una proteína localizada en la membrana de las células que detecta la presencia de sustancias o de otros estímulos como los eléctricos, la presión, la temperatura, etc., y genera un mensaje para que la célula responda. Esta puede generar cambios en la arquitectura de las proteínas o transcribir genes específicos o activar proteínas que estaban inactivas y de esa manera responder al estímulo.

Sabemos ahora que las moscas o las lombrices de tierra, las ostras y otros moluscos, así como los artrópodos, por ejemplo, también poseen nociceptores. Si nos vamos a organismos que no tienen sistema nervioso central o este es muy difuso, como en la medusas, corales y otros, también se han localizado en ellos. Las plantas o las bacterias, no expresan la respuesta al daño como nosotros, pero claro que tienen un sistema de percepción del mismo análogo al nuestro. Una bacteria detecta la presencia de un antibiótico o de otras bacterias y huye o sintetiza sustancias para bloquear al agresor y las plantas sellan las heridas, comunican a sus tejidos la presencia del agente amenazador, incluso a las plantas cercanas para que articulen una respuesta de defensa.

Muchos de los receptores del dolor están ligados a canales de iones (llamados TRP) de manera que cuando se percibe un daño, inducen la liberación de iones y estos a su vez, al aumentar la concentración, activan a otras señales que provocan la respuesta. Por ejemplo, cuando acercamos la mano a algo caliente, la percepción de la temperatura induce la liberación de Calcio en las células y esto provoca la contracción muscular que nos hace retirar la mano de inmediato de la fuente de calor.

En los llamados nervios periféricos, que son como unas ramificaciones que salen de la médula espinal y el cerebro y tapizan el cuerpo, los nociceptores se encuentran en las terminaciones de estos y son muy abundantes en el periostio (membrana de tejido conjuntivo de los huesos), las paredes arteriales, dientes, articulaciones, cráneo, y las células que detectan las sensaciones como el tacto, el olfato, etc. y que suelen doler mucho y son por ello fundamentales en la percepción.

Hay varios genes involucrados en la percepción del dolor con nombre raros, como el gen prdm12 al que varias mutaciones afectan, generando insensibilidad al dolor, ausencia de reflejos en la cornea, falta de lágrimas (las personas no pueden llorar), hasta falta de regulación de la temperatura al grado que cuando les da fiebre esta puede subir de los 40°C o más y ni lo notan…

Nosotros tendemos a confundir la nocicepción con el dolor y no son lo mismo. La nocicepción es la percepción del daño, que genera información que es llevada a los centros de respuesta del Sistema Nervioso Central, mientras que el dolor es una señal de respuesta fisiológica a esta percepción. Todos los animales poseen el sistema nociceptor y hasta ahora se han identificado mecanismos fisiológicos de expresión del dolor en algunos grupos. Esto significa que a todos nos duele el daño, de una u otra manera.

Finalmente, es importante comprender estos mecanismos y saber que no todo lo que podemos hacer es licito. En el caso de los animales domésticos o de granja (o de las plantas mismas, bien visto), es indispensable que lo entendamos para comprender el concepto de bienestar animal y uso ético de los recursos biológicos. Que nos los podamos comer o tener en casa no debe significar que impunemente les causemos daño, los torturemos. Recuerde, todos los seres vivos percibimos el daño, nos estresamos y la mayoría de los animales, además, manifestamos dolor, tanto como otras señales de la compleja relación con el entorno, muchos animales incluyen el apego, el placer, la angustia. El dolor es solo otra señal…


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.