Las actitudes que hoy día exigen a la ciencia el “exterminio” de los virus, soslayan la importancia que tienen estos patógenos, de ahí que, “atribuirles una cualidad de bendecidos y ensalzarlos puede parecer una locura”, señala el autor acerca de los parásitos «más perfectos que conocemos»




Horacio Cano Camacho

Este es el nombre de una canción de Joaquín Sabina contenida en el disco recopilatorio Diario de un peatón (2003). A mi siempre me encantó y más el título y andaba buscando desde entonces en dónde aplicarlo. Y ahora llegó la oportunidad.

En redes vi un comentario de una señora que “pedía a la ciencia” una manera de “exterminar” a los virus y toda suerte de bichos malvados. Y dentro de los virus, el SARS-CoV2 encabeza la lista por estos días. De manera que atribuirles una cualidad de bendecidos y ensalzarlos puede parecer una locura.

La situación es que los virus, como cualquier ser vivo, simplemente hacen lo necesario para permanecer y trascender el tiempo. Lo mismo hacemos nosotros cuando nos comemos una lechuga o una vaca. Bondad o maldad son conceptos que en la naturaleza no existen.

Los virus son los parásitos más perfectos que conocemos y, además, son los patógenos por antonomasia. Los genes, esas pequeñas unidades de información que determinan y conducen todos los procesos vitales, son las unidades evolutivas fundamentales. Sobre ellos opera la evolución y son ellos los que cambian, se seleccionan, se adecuan y sobreviven o desaparecen. Y los virus son pequeñísimos paquetes de genes. Poseen unos cuantos, con la información básica para entrar en una célula huésped y usar su maquinaria para reproducirse y trascender. Y en el camino van evolucionando… Los individuos, las especies, las poblaciones cambiamos al ritmo que cambian nuestros genes y vamos a intentar explicar el papel de los virus en nuestra propia evolución.

¿Cuántos virus existen? Se conocen bien apenas un poco más de dos mil tipos distintos, identificados por las enfermedades que provocan y/o los organismos que infectan, pero los intentos de contarlos estiman que deben existir cientos de millones porque todos los seres vivos son atacados por virus, desde las bacterias, hasta las reinas de la belleza, así como hay más de un virus distinto para cada tipo celular. Así que deben ser cantidades exorbitantes que ni siquiera podemos concebir y este maldito virus del Covid-19 es uno de los miles de millones que andan por allí, por fortuna, la mayoría son inocuos para los humanos.

Ese número tan grande de virus como “unidades de información” tienen un papel central en la evolución de los seres vivos. Veamos: la diferenciación de los humanos de otros simios fue impulsada por virus… Al insertarse en nuestro propio genoma, los virus modifican o alteran la función de ciertos genes y pueden provocar nuevas adaptaciones de las proteínas que estos codifican, así se va generando, a través de “pequeños retoques”, una gran diversidad de proteínas que van diferenciando a una población de otra.

Las propias pandemias virales generan una muy fuerte presión de selección sobre las poblaciones, provocando su extinción o su adecuación y sobrevivencia.

Tenemos miles de millones de bacterias y otros seres viviendo en nuestro cuerpo, en particular en el tracto digestivo. Estas poblaciones son muy dinámicas y cambian al momento de nacer y en cada paso de nuestra vida. Ahora sabemos que esta remodelación del microbioma está mediada por… virus. El microbioma tiene un papel principal en la respuesta inmune, la nutrición y hasta la conducta de los seres vivos. Es decir, los metaorganismos que en realidad somos, nos modelamos y evolucionamos a través de los virus que recomponen a los bichos que nos habitan.

Alrededor del 10% de nuestro genoma lo forman unas secuencias llamadas retrovirus endógenos humanos (HERV por sus siglas en inglés). Estos virus llegaron en algún momento de nuestra historia evolutiva y allí se quedaron. Aunque los Herv permanecen inactivos a lo largo de la vida, ciertos estímulos y mutaciones genéticas pueden reactivarlos. Ciertos tipos de cáncer están vinculados a ellos, la ezquisofrenia, la depresión y otras enfermedades nerviosas, pero al “silenciar” genes, apagando o reduciendo su expresión, generan diversidad genética que tiene un fuerte impacto evolutivo.

Este espacio es muy chiquito para comentar todas las contribuciones de los virus a la evolución de la vida, pero me quedo con una: Hay unos genes de origen retroviral en todos los mamíferos, las sincitinas. Las proteínas de estos genes median la formación de los sincitoblastos que originan la masa muscular y lo hacen de manera diferencial en machos y hembras, dando lugar a diferenciación corporal. Pero estos genes también conducen la formación de la placenta. Es decir, lo que diferenció a los mamíferos de sus ancestros reptiles, fueron virus capaces de organizar esa bolsa que nos hace literalmente lo que somos.

El gen de la sincitina en realidad se originó de los genes de la envoltura viral y se quedó como un retrovirus endógeno llamado HERV-W2 y se expresa fundamentalmente en los sicitoblastos placentarios mediando la organización y funcionamiento de la placenta.

Por ello digo que los virus son los verdaderos benditos malditos y hay que estudiarlos para aprender a controlarlos cuando se deba… No los podemos eliminar, porque este mundo vivo está modelado por los virus.


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular…

Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.