Con toda una realidad en contra de lo que afirma, Miguel Bosé se convirtió en el triste adalid de una no menos triste causa, la de convocar abiertamente a ignorar la COVID-19 como una amenaza real.

 

Raúl López Téllez

Para el cantante -quien anunció que marcharía públicamente para manifestarse en contra del uso de cubrebocas como una medida obligatoria impuesta por el Estado español tras el reflujo de casos luego de una primera desescalada-, la existencia del SARS-CoV-2, la emergencia sanitaria, las cuarentenas implementadas a nivel mundial y las antenas de la red 5G, son parte de una “conspiración” para controlar al mundo en la que incluye a Bill Gates.

El intérprete de “Amante, bandido”, entre otras tonadillas pegajosas del pop ibérico, además de actor con Pedro Almodóvar, desde el 9 de junio es comidilla en notas fuera del espectáculo y sus chismes, para volcarse en lo contradictorio de un personaje popular que se pone del lado del negacionismo, la misma bandera que enarbolan los mismos hijos de la rancia y culta Señora Europa, que ha tenido que soportar las marchas en España y Alemania en contra del esparadrapo protector.

Todavía, el 9 de agosto el divo de Madrid digo: “Nos quieren matar”, a propósito del anuncio de probables vacunas en el corto plazo.

Los riesgos

De acuerdo con la UNESCO, en su documento “Periodismo, libertad de prensa y COVID-19”, con fecha del 3 de mayo, y en base a un estudio realizado sobre las falsas informaciones o infodemia que saturan las redes y los medios, el efecto de las versiones sin credibilidad en boca de personas públicas e influyentes en la opinión pública se constituyen en un riesgo, un riesgo que, advierte, puede ser fatal al inducir a conductas o actitudes que pongan en peligro la vida, al grado tal que los mismos directivos de las corporaciones como Facebook y Twitter, se vieron obligados a establecer presuntos criterios y sanciones a quienes las usen para propalar falsedades respecto a las evidencias de la COVID-19.

“La xenofobia, el racismo y el discurso de odio constituyen una parte importante de esta ´infodemia´”, puntualiza el informe al destacar que “el problema no es sólo el volumen de información falsa, sino también su combinación con contenido emocional, y el hecho que esta información sea transmitida por actores influyentes”, indica.

Ni aguantas nada…

Al hecho de que Twitter y Facebook le advirtieran de sanciones, el cantante reculó el 21 de agosto, dijo que lo han «castigado» por sus versiones y afirmó contradictoriamente: “El bicho sí existe”.

Y para acabarla con tan camaleónico personaje, este 31 de agosto, Miguel Bose abandonó las cuentas oficiales de sus redes sociales, aunque la versión callejera apunta a que éste había sido expulsado.

«Ante las informaciones aparecidas en diversos medios de comunicación relativas a su baja en determinadas redes sociales, en nombre de nuestro representado, Don Miguel Bosé Dominguín, queremos precisar, de manera excepcional y de una vez y por todas, que el artista ha decidido voluntariamente darse de baja en dichas redes sociales por los siguientes motivos personales:

“No considera que en la actualidad dichas redes sean plurales y objetivas. No permiten la libre expresión y sujetan a los usuarios a sus criterios e intereses empresariales y políticos. Ejercen la censura y el control de la información y los contenidos. No encuentra equilibradas las prestaciones que ofrecen a los usuarios y las obligaciones a que les someten», emitió en un comunicado la empresa Seitrack que lo representa, de acuerdo a versiones periodísticas.

Lo cierto, es que las críticas de quienes seguían al “polémico personaje” –como quiere adornarle la frivolidad ibérica-, hasta aquel 9 de junio debieron pesarle a Bosé como para seguir en su envalentonada pose nutrida de desinformación, calculando que a menos seguidores habrá menos euros en sus cuentas.

Espanto austral

En el continente estamos ante personajes que con diversos tonos han expresado sus fobias a la evidencia de la ciencia, por más que a diario se machaque y recontramachaque sobre riesgos y precauciones.

Desde presidentes de algunas naciones, hasta actores y personajes de la política “influencers”, han bateado mal el tema y ahí quedan en sus vitrinas.

En este suelo azteca, qué mejor ejemplo que la actora y conductora Patricia Navidad –sí, así se hace llamar, neta-, se ha equiparado con quienes aluden al coronavirus como “gripita” hasta creerlo invención de quien sabe qué poderes.

La tal actriz, señaló apenas el 28 de agosto, que una hipotética vacuna contra la COVID-19 causará hasta suicidios. En un video que de inmediato alcanzó la viralidad, Navidad dijo que “la vacuna sólo es un pretexto para espiarnos y quitarnos nuestra privacidad”, además claro de “modificar el ADN”.

La nacida en Sinaloa –nos enteran por aquellos rumbos del espectáculo-, no se conformó con eso. También dijo que las vacunas traen «una tecnología” que facilitará el “convertirnos en seres humanos híbridos, vamos a tener en nuestro organismo tecnología por medio de la misma (sic) en donde vamos hacer (reeesic) vigilados, controlados”, y lo peor: “sin intimidad”.

En suma, la vacuna provocará “muchos padecimientos, enfermedad, además suicidio y muerte”.

Y bueno, hay casos en lo que no se sabe si las o les vedettes pisan el terreno de la política o al revés, los políticos aterrizan en el mundo de las lentejuelas. Allá en Argentina, en las primeras semanas de la cuarentena y los severos controles que impuso el gobierno, una ex diputada, Elisa Carrió, reapareció en Twitter para mostrar su enojo con los mismos.

El personaje, nos contó el diario Página12 el 17 de julio, consideró que «el Santísimo está secuestrado», denunció ante la decisión de postergar la reanudación de las actividades religiosas.

Carrió se enojó y llamó a romper la cuarentena porque «Jesús es el que sana y cura».

“La ex diputada volvió a la carga en las redes sociales y dejó su sello”, escribió con placer el cabecero del rotativo bonaerense.

«Si la sagrada comunión no puede darse en los templos debe darse en las calles porque Jesús es el que sana y cura», escribió bajo el título «El templo es el mundo». Y coronó su tuit con otra frase: «El Santísimo está secuestrado».

En ese marco, la ex diputada y líder de la Coalición Cívica denunció el secuestro de Jesús.

Minoría incrédula en México, dicen

Para el remate, sólo dejar el dato de que 1 de cada 10 mexicanos cree que no existe el coronavirus, aunque entre jóvenes y de escolaridad básica, la incredulidad sube a 18 por ciento.

De acuerdo con el reportero Alejandro Moreno, en una nota del 15 de julio, “a cuatro meses de que la Organización Mundial de la Salud declarara la pandemia, y con México entre los países que registra el mayor número de muertes atribuidas al Covid-19, el 9 por ciento de los mexicanos no cree que existe el coronavirus y otro 5 por ciento no sabe qué opinar. En contraste, el 86 por ciento de los consultados en una encuesta nacional de El Financiero sí cree que existe el coronavirus”.


Fotografía tomada de Internet.


 

Periodista formado en las redacciones y en la calle; ha sido reportero, corresponsal, editor y jefe de Redacción e Información. Integrante de los equipos fundadores de algunos diarios y de Cienciario, el que le ha dejado como satisfacción que lo conozca el don de las tortas y el de la tienda de la esquina.