“Por primera vez en las negociaciones de cambio climático, se incluyó en los acuerdos la posibilidad de crear un fondo para pérdidas y daños en la agenda global. Sin embargo, esto llegó después de 27 Cumbres globales y tras fuertes discusiones, donde para variar los países desarrollados se mostraron reticentes, porque este acuerdo podría exponerlos a una responsabilidad legal por desastres climáticos.”

 

Leonor Solís

No sé si alguna vez te ha ocurrido que dejas las cosas para después. Por ejemplo, con algún tema de salud, donde vamos tolerando una molestia, hasta que el dolor se vuelve insoportable y nuestra condición de salud puede llegar a ser ya grave cuando nos decidimos a atenderla. Al final, nos resulta más doloroso y más caro que si hubiésemos ido al médico y prevenir lo que nos ocurrió. Dejamos las cosas para el último momento, esto sin duda está ocurriendo con el cambio climático.

Esa es la sensación que me provoca el tema de “daños y pérdidas” en las negociaciones sobre cambio climático y su resultado tras la conclusión de la última Conferencia de las Partes (COP) que este año concluyó la semana pasada en Egipto, la COP27. Han tenido que pasar 27 conferencias para que por fin, un tema que nos incumbe a los países pobres del sur global, tomara la mesa de las negociaciones y se hiciera algo. Te cuento.

Por primera vez en las negociaciones de cambio climático, se incluyó en los acuerdos la posibilidad de crear un fondo para pérdidas y daños en la agenda global. Sin embargo, esto llegó después de 27 Cumbres globales y tras fuertes discusiones, donde para variar los países desarrollados se mostraron reticentes, porque este acuerdo podría exponerlos a una responsabilidad legal por desastres climáticos. Tras dos intensas semanas de negociación, el texto de la conferencia incluyó por fin, un fondo específico para pérdidas y daños, abierto a todos los países en desarrollo. Dicho fondo se utilizará tras alguna situación catastrófica que sea efecto del cambio climático global.

Sin embargo la situación no es sencilla. Por ejemplo, la Unión Europea condicionó su apoyo al fondo,  sólo si las economías emergentes con grandes emisiones como China también pagan, en lugar de limitarse a los grandes emisores históricos como la Unión Europea y los Estados Unidos. China es un país en vías de desarrollo y rechazó la posibilidad de aportar al fondo. Está costando trabajo que los países emisores asuman sus responsabilidades.

Uno de los negociadores del grupo de países africanos Alpha Kaloga, con una visión esperanzada declaró en su cuenta de twitter: “Tuvimos 30 años de paciencia. Ha llegado el día. Ya está hecho. Un nuevo fondo para responder a las pérdidas y daños en los países en desarrollo. Es un momento único, una victoria para todos los ciudadanos del mundo,”

Detrás de este logro, mucho tiene que ver el frente unido que presentaron los países del Sur Global, a través del  G77 que es una organización intergubernamental que agrupa a la mayoría de países en desarrollo del hemisferio sur, los Pequeños Estados Insulares (AOSIS, por sus siglas en inglés) que son países insulares pequeños que suelen tener las mismas dificultades en lo que se refiere a desarrollo sostenible, como algunas islas del Caribe y la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC) a la cabeza. El acuerdo logrado no es perfecto, pero sí responde a las demandas de los países en desarrollo y es algo que tardó tres décadas en llegar finalmente a la redacción de los acuerdos de las Cumbres Mundiales para Cambio Climático. Como te mencioné al iniciar este texto, ya las catástrofes son evidentes y muy fuertes, cuando por fin se aterriza dicho fondo. El tema de pérdidas y daños quedo año tras año relegado al olvido hasta que fue necesario y urgente su inclusión.

Pérdidas y daños

Las negociaciones internacionales sobre cambio climático han girado en torno a tres temas principales: Mitigación, adaptación y, pérdidas y daños.

La mitigación del cambio climático en pocas palabras consiste en disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global y con ello los impactos que conlleva el aumento de la temperatura global. La adaptación al cambio climático implica que con el calentamiento que ya esta ocurriendo ahora estamos 1.2°C más de temperatura desde la era pre industrial, necesitamos prepararnos (adaptarnos) a los cambios que ya están ocurriendo.

Pérdidas y daños, por su parte, se refiere a los impactos que ya han ocurrido. Desastres como inundaciones, sequías, huracanes, deslizamientos e incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos como consecuencia del cambio climático y los países más afectados llevan años pidiendo ayuda financiera para hacer frente a las consecuencias y tratar de recuperar las condiciones previas a los desastres o compensarlas. El término cubre tanto las pérdidas económicas (viviendas, tierras, granjas o negocios) como las no económicas (la muerte de personas, sitios culturales o la biodiversidad).

Los daños son impactos negativos donde la reparación o restauración de las condiciones aún es posible. Por ejemplo, una cosecha puede dañarse un año a causa de una inundación. Sin embargo, en los años subsecuentes puede reponerse el cultivo y por tanto recuperarse el daño. Mientras que en el caso de las pérdidas ya no es posible la recuperación, las condiciones se han perdido. Un ejemplo de ello son la pérdida de los glaciares, donde el hielo de las montañas se pierde por el aumento de la temperatura global y no hay manera de restablecer dicha capa de hielo. O cuando algunos lagos se están secando, hay algunos lagos en Bolivia que se perdieron ya, ojalá no lleguemos a ese punto con Cuitzeo, nuestro hermoso lago que cada año está más seco.

Aquí es donde entra el concepto de Justicia Climática, porque son los países del norte global quienes más han contribuido a las emisiones de gases de efecto invernadero que nos han llevado al cambio climático, es decir, que es mayor su responsabilidad y sin embargo, al estar tan interconectados, somos los países del sur los que padecemos de mayor vulnerabilidad y quienes tenemos menor capacidad de adaptación al cambio climático.

Sin embargo, las pérdidas y daños no sólo se refieren a aspectos materiales o económicos, sino a otros como la cultura, las tradiciones, las lenguas y las formas de vida que están desapareciendo del planeta por el cambio climático.

En una entrevista realizada por Periodistas por el Planeta a Liliana Ávila, abogada de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente, ella menciona que: “por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, los indígenas arhuacos consideran a los picos congelados como guardianes del corazón del mundo y, por lo tanto, les dan una gran importancia. Pero, a medida que estos picos pierden sus capas congeladas, este pueblo originario percibe una pérdida en su cosmovisión. Y como éste, hay muchos pueblos que están perdiendo sus formas de vida y de ser en el mundo”.

Un informe publicado por Loss and Damage Collaboration, un grupo de más de 100 investigadores y formuladores de políticas de todo el mundo, revela que 55 de las economías más vulnerables al clima sufrieron pérdidas económicas de más de US$500.000 millones entre 2000 y 2020. Y eso podría aumentar en otros US$500.000 millones en la próxima década.

La triste historia

Aunque las pérdidas y los daños han ocupado un sitio en la mesa de las negociaciones internacionales, siempre han estado al final de la lista de prioridades, antecedidas irremediablemente por la mitigación y la adaptación. En ese orden.

Recientemente, gracias a la presión de los países vulnerables, la discusión de pérdidas y daños ha ido ganando terreno a lo largo de las últimas Conferencias de las Partes (COPs). 

Pérdidas y daños se presentó como un mero concepto a ser abordado en las negociaciones en 2007, durante la COP13 celebrada en Bali (Indonesia). Luego, esperó largos años para que en 2013, en la COP19 en Varsovia (Polonia), fuera incluida en la arquitectura institucional a través del Mecanismo Internacional de Varsovia (mejor conocido por sus siglas en inglés como WIM).

En 2015, pérdidas y daños por fin, quedó plasmado en el Artículo 8 del Acuerdo de París, al final de la COP21. Finalmente, en 2019, durante la COP25 en Madrid (presidida por Chile), se estableció la Red de Santiago (Santiago Network, en inglés) con el propósito de catalizar asistencia técnica para implementar enfoques relevantes para evitar, minimizar y atender las pérdidas y los daños en los países en desarrollo que son particularmente vulnerables al cambio climático.

El siguiente paso era la institucionalización de un organismo que facilitara el intercambio financiero, lo cual fue peleado con uñas y dientes por un bloque compacto de países en desarrollo en la COP26 en Glasgow (Escocia). Sin embargo, los países desarrollados ahogaron esa demanda con un paliativo: otra mesa de diálogo.

Pasándose la bolita

Los negociadores en la COP27 en Egipto, dijeron que los países ricos querían dejar en claro que no aceptaban responsabilidad ni ninguna obligación de pagar compensación por pérdidas y daños.

Los países en desarrollo se opusieron a eso, pero ahora se acordó que la responsabilidad y la compensación no se discutirán. El acuerdo alcanzado señala que la financiación de pérdidas y daños se planteará en la COP27 con el objetivo de tener una decisión provisional en la COP del próximo año en Abu Dhabi, y una concluyente para 2024.

«Hemos estado exigiendo financiamiento regular, predecible y sostenible para hacer frente a las crisis que uno u otro país en desarrollo sufren casi todos los días», asegura Alpha Oumar Kaloga, negociador principal sobre el clima del Grupo Africano en las reuniones climáticas de la ONU. «Este acuerdo representa un progreso, pero habrá que ver cómo van las conversaciones».

Singh, de la Red de Acción Climática, asevera que el acuerdo fue un compromiso. «De hecho, es una traición a la confianza la forma en que los países ricos arrinconaron a los países en desarrollo para aceptar un lenguaje que mantiene a los contaminadores históricos a salvo de compensación y responsabilidad, sin ofrecer ningún compromiso concreto de apoyo a las personas y países vulnerables».

El Parlamento Europeo adoptó una resolución que pide centrarse en la financiación de los países en desarrollo y priorizar las subvenciones sobre los préstamos, para «evitar, minimizar y abordar» las pérdidas y los daños.

Además, el G7 y el V20, un grupo de 55 países vulnerables, acordaron hace poco lanzar una iniciativa llamada Escudo Global contra los Desastres Climáticos, que proporcionaría financiación para pérdidas y daños, en parte a través de un sistema de seguro. La Alianza de Pequeños Estados Insulares alega que esto no puede ser legítimo, porque el V20 ni siquiera tiene la mitad de miembros que Ailac.

La triste realidad

En síntesis, existe una historia de problemas interminables en el pasado tanto con las instituciones financieras que liberan financiamiento climático como con los países que lo reciben.

Por un lado burocracia de las agencias financieras internacionales hace que los fondos tarden mucho tiempo en estar disponibles. Y ya que esto ocurre, en algunos de los países receptores existen problemas de mala gobernabilidad y corrupción.

Sin embargo, es importante no quitar el dedo del renglón y ello no es una justificación para que los países del norte global,  dejen de lado las pérdidas y los daños, que han provocado.


Fotografía: Tumisu | Pixabay


Mi pasión personal y profesional es la comunicación ambiental, en específico la comunicación audiovisual ambiental. Trabajo realizando esa labor en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM. Soy miembro de la mesa directiva de la Asociación Internacional de Comunicación Ambiental y miembro fundador de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia. Me gustan muchas cosas muy disímiles, pero más me gusta la idea de compartir, compartir curiosidad, aficiones, gustos. Compartir y construir juntos. Por eso me dedico a compartir lo que me encanta y me parece importante. Encontrar otros que comparten lo mismo, hacen y no se dan por vencidos, es el regalo.  Espero nos encontremos en este camino.