Orquídeas que imitan la forma de otras flores o aquellas que modifican su color, son parte de las estrategias en las plantas tanto con fines reproductivos como de defensa, lo que nos recuerda este texto publicado el 5 de marzo del 2018 en Cienciario.

 

Rafael Salgado-Garciglia

Anteriormente ya hemos hablado de que los colores y los olores de las flores han sido desarrollados por las plantas, principalmente para asegurar su reproducción mediante la atracción de polinizadores o para repeler depredadores o patógenos (ver Cienciario: El porqué del olor de las flores, http://michoacantrespuntocero.com/cienciario.mx/el-porque-del-color-de-las-flores/; y El increíble olor de las plantas, http://michoacantrespuntocero.com/cienciario.mx/el-increible-olor-de-las-plantas/).

Con el mismo fin de conseguir la polinización o la protección contra depredadores, la evolución, la adaptación y la supervivencia, son procesos que han llevado a las plantas para desarrollar el arte del engaño.

Así como algunos animales han desplegado mecanismos de imitar el hábitat (camuflaje) o mimetizarse con las plantas y animales -reptiles, insectos, aves, entre otros-, existen plantas sorprendentes que como ventaja evolutiva han modificado el color y la forma de flores, tallos y hojas, engañando principalmente a los agentes polinizadores, pero hay otras que imitan la forma de otras plantas o bien, el entorno donde crecen para pasar desapercibidas.

Orquídeas que engañan a insectos polinizadores

El ejemplo más conocido es el de la orquídea abeja (Ophrys apifera), que produce flores que imitan la forma de una abeja, engañando a los machos del género Eucera en la región del Mediterráneo, para que se posen sobre una supuesta abeja hembra, los que al verse timados emprenden el vuelo con los polinios, que posteriormente fecundarán otra flor que los engañe. Otras especies del género Ophrys (O. tenthredinifera, O. fuciflora, O. speculum u O. istriensis, entre otras más) usan este mismo engaño para atraer diferentes especies de abejas.

También la orquídea mosca (Ophrys insectifera) y la orquídea de la lengua (Serapias parviflora), usan el truco del mimetismo de la flor, pero además han perfeccionado otro sistema de engaño que consiste en producir un olor similar al de las feromonas de sus insectos polinizadores incautos, un mecanismo de adaptación muy eficaz. La primera atrae diversos insectos, pero principalmente moscas y la segunda, exclusivamente avispas.

Pero, esto no es todo, hay especies de orquídeas que imitan la forma de las flores de otras plantas vecinas que producen néctar. La Cephalanthera rubra, una orquídea que no produce néctar, situación que la hace vulnerable para asegurar su polinización, para atraer abejas del género Chelostoma, produce flores de la misma forma, pero distinto color, de plantas del género Campanula. El engaño de estas orquídeas les ofrece un rendimiento de fecundación seis veces más que las que no lo hacen. Con este mismo propósito, la orquídea sudafricana Disa pulchra, ha imitado a las flores de una planta de iris vecina (Watsonia lepida), engañando a los tábanos polinizadores del iris para que se posen sobre sus flores y aprovecharse de ellos para ser polinizada sin ofrecerle alimento.

Plantas que confunden o pasan desapercibidas

Así como las orquídeas han desarrollado estos mecanismos de imitación para atraer polinizadores, otras plantas los han utilizado para ser confundidas por otras plantas vecinas y asegurar su supervivencia. El científico ruso Nikolai Vavilov descubrió que el centeno y otros cereales afines, adoptaron la forma y otras características del trigo, para evitar ser cortadas por ser consideradas malas hierbas en los trigales «esta estrategia es conocida como mimetismo vaviloviano». Esto ocurrió por la selección artificial continua, sobreviviendo las más parecidas al trigo, estas plantas engañaron a los primitivos agricultores, ganándose su lugar como cereales de amplio cultivo.

Existen plantas que dejaron de formar tallos y hojas para pasar desapercibidas, tal es el caso de los lithops o plantas piedras que según la especie se disfrazan de pequeñas piedras en las que usualmente habitan, evitando ser percibidas principalmente por depredadores. Las flores producidas por la especie suculenta Huernia hystrix además de expeler olor a descomposición que atrae a moscas y otros insectos para su polinización, han desarrollado colores que mimetizan con la hojarasca o el suelo, también para evitar ser depredadas.

Como hemos visto, en el reino vegetal se da el mimetismo con diferentes propósitos y realmente hay muchos ejemplos, mencionaré a la falsa ortiga (Lamium albium) que mimetiza con la ortiga verdadera (Urtica dioica), adoptando la apariencia de una planta nociva y ser evitada por depredadores. También tenemos a la simulación que ha desarrollado el Caladium steudneriifolium (Araceae), produciendo unas manchas en sus hojas que semejan los daños resultantes de la larva de una polilla, al verse enferma engaña a las polillas para que no se la coman. Interesantemente la planta Ceratocaryum argenteum, que habita en Sudáfrica, produce sus frutos con apariencia y olor al excremento de antílopes, engañando al escarabajo pelotero, quien los rueda y ayuda a la dispersión de sus semillas. Entre las plantas insectívoras, que han modificado sus hojas o tallos para atrapar animales, tenemos a las especies de Drosera que forman aparentes gotas de rocío en sus hojas o tallos, que atraen a los insectos para atraparlos y alimentarse de ellos. La flor de la pasión (Passiflora incarnata) conocida como pasiflora o Maracuyá, forma manchas de color amarillo similares a los huevecillos de cierto tipo de mariposas, engañándolas para que éstas busquen otro lugar para desovar y evitar que sus larvas u orugas se coman sus hojas.

Por último, les hablaré de uno de los hallazgos más recientes del arte del engaño de las plantas, se trata de la planta trepadora Boquila trifoliolata del sur de Chile, que desarrolló un mecanismo único de camuflaje, ya que imita las hojas de varios árboles donde se apoya para crecer. Esta planta imita el tamaño, el grosor, la forma y el color de las hojas de los árboles vecinos, lo más sorprendente es que la misma planta puede generar hojas de diferente color y tamaño conforme va trepando. De esta manera, la planta evita ser devorada por insectos u otros animales herbívoros, adoptando la forma de hojas de los árboles que son menos apetitosos (Leaf Mimicry in a Climbing Plant Protects against Herbivory, Current Biology, 2014:24,9:984-987 dx.doi.org/10.1016/j.cub.2014.03.010).

Claro que hay más ejemplos del “arte del engaño de las plantas”, éstos son solo una parte de lo asombroso que podemos encontrar en el reino vegetal.

Imagen, Pixabay.

 

 
Profesor e Investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo biotecnólogo y cultivador de plantas, pero también…de ciencia.