“Andy Weir hace una investigación documental muy precisa en cada una de sus historias, característica que ha sorprendido a los científicos por su exactitud, pero tiene un enorme don, lo hace con un humor muy fino y un ritmo narrativo espectacular que nos mantiene pegados a sus páginas hasta devorar la obra entera, tal y como nos puede pasar con una serie de televisión de esas adictivas”.

 

Horacio Cano Camacho

Imagine a un especialista en informática o para los efectos, en cualquier cosa que se le ocurra, pero que su sueño es ser escritor. Escribe y escribe y cansado de los rechazos de las casas editoriales, decide publicar en su propia página web una de sus novelas, luego la presenta en Amazon, cuando esta tienda acepta publicar textos autoeditados. La “ofrece” por un dólar y rápidamente, aquel libro que nadie quería publicar alcanza más de un millón de ejemplares vendidos y un boca a boca inusitado que inunda la red. Ahora sí, las grandes editoriales voltean a verlo y se lo pelean y los productores de cine van por los derechos de su libro que se convierte en una muy exitosa película dirigida por uno de los nombres más prestigiados del medio.

Esta parte es real y la publicación es sobre ciencia… ficción. Un género que muchos han tomado como menor dentro del esnobismo que inunda la literatura y causa real del rechazo editorial previo. El autor es Andy Weir y la novela se tituló El Marciano (2014). Se trata de un ejemplo muy refinado de la llamada ciencia ficción “dura”, aquella que no se contenta con imaginar y reflexionar mundos alternativos, sino que procura sustentar los hechos presentados en el conocimiento científico real, para construir narraciones en las que la especulación imaginativa se acerca mucho a las ideas científicas.

Luego de El Marciano, novela centrada en la sobrevivencia y posterior rescate de un astronauta abandonado en Marte luego de un incidente, publicó Artemisa (2017), sobre las posibilidades y consecuencias de la explotación minera de la luna, y que se convirtió en otro éxito de lectores y crítica que consolidaron su nombre como uno de los mejores escritores de ciencia ficción dura contemporánea y reafirmó su calidad literaria. Llega ahora con Proyecto Hail Mary (Nova, 2021. ISBN 9789585206373), una sensacional historia especulativa que quiero comentar brevemente.

Andy Weir hace una investigación documental muy precisa en cada una de sus historias, característica que ha sorprendido a los científicos por su exactitud, pero tiene un enorme don, lo hace con un humor muy fino y un ritmo narrativo espectacular que nos mantiene pegados a sus páginas hasta devorar la obra entera, tal y como nos puede pasar con una serie de televisión de esas adictivas. Pero además de todo eso, su documentación tan cuidada, son una forma de entusiasmarnos y acercarnos a la ciencia por lo que yo considero a este autor un gran divulgador.

Va la historia de Hail Mary, intentando no contarles demasiado: Un hombre despierta sobre una “cama” desconocida, conectado a mangueras, sondas y manipulado por unos brazos robóticos pegados al techo de una extraña habitación, mientras una voz con un clásico sello de computadora le pregunta ¿cuánto son dos y dos?, una pregunta irritante que no puede, por alguna razón, responder. Luego de un enorme esfuerzo mental acierta, para recibir otra igualmente rara: ¿cuál es la raíz cúbica de ocho? Así transcurren las horas, por cada respuesta correcta viene otra que le obliga a forzar su mente para ir comprendiendo en dónde está y quién es…

Rylan Grace va recordando que es un astronauta, el único sobreviviente del viaje a Tau Ceti, una estrella distante 11.887 años luz de distancia de la Tierra. Va en ese viaje porque la tierra está en peligro. Se han descubierto unos puntos negros que recorren la llamada Línea Petrova desde el Sol hasta Venus, los cuales, al parecer son capaces de extraer la energía de nuestra estrella. Al ritmo que ocurre, ese fenómeno provocará la reducción de alrededor de 15°C la temperatura del planeta en los próximos 30 años, creando una catástrofe ambiental que conducirá a la mayor extinción de especies y amenaza con la alteración de todas las cadenas tróficas, y la consecuente desaparición total de la vida.

Un problema adicional es que esos puntos resultan ser una suerte de amibas (astrófagos se les da por nombre), idénticas a cualquier organismo unicelular de la tierra, basadas en el carbono y el ADN como núcleo de la información genética y que usan la luz como elemento que proporciona energía para captar el carbono con el cual autoconstruirse y reproducirse, pero capaces de resistir la enorme temperatura de la superficie del sol.

Para averiguar como revertir el proceso, la humanidad, conducida por los científicos, prepara el Proyecto Hail Mary: una nave tripulada por los tres mayores expertos de la Tierra con la misión de buscar respuestas para salvar a la humanidad, pero algo sale mal y sólo Grace se despierta y no recuerda quién es, o qué hace en esa nave en el espacio…

Andy Weir hace un ejercicio serio de análisis de los viajes en el espacio, en particular, los tripulados. No recurre al recurso fácil de obviar las leyes de la física o la fisiología humana y no “despierta” -luego de la “animación suspendida”- al protagonista fresco, bien peinado y listo para la acción. También asume el reto de la energía, los tiempos y las distancias de un viaje así y busca, en diversas hipótesis científicas, la manera de solventarlo.

Respecto a las amibas, renuncia por completo a la idea de unos extraterrestres como hombrecitos verdes que hablan inglés y usa los conocimientos de la biología, en particular, de la evolución para especular cómo podría ser un extraterrestre.

El argumento es una reflexión muy bien sustentada sobre las bases fisicoquímicas de la vida en el universo y contienen una muy cuidada definición de la vida, sustentada en la bioquímica y la biología molecular. Pero no es un libro de texto y allí radica la belleza de esta historia, es muy fácil de seguir y comprender por todos, sus argumentos están explicados de tal manera que no nos sentimos en una clase aburrida de ciencias y sí, dentro de una aventura apasionante.

La historia está contada a dos tiempos y eso nos permite “salir” de la soledad de la nave e ir entendiendo la historia de Rylan Grace y todo lo relacionado al problema de los astrófagos. Contienen infinidad de guiños anclados en la cultura popular que resultan muy divertidos si somos capaces de identificarlos. El nombre mismo del libro (y la misión) no hace referencia a una oración religiosa, sino a un “pase desesperado” en el futbol americano cuando el tiempo del juego se agota y se intenta lo heroico.

Tienen un ritmo frenético, con capítulos cortos que nos generan la necesidad de saber qué sucederá en el siguiente, para enseguida dar saltos temporales que nos regresan a la vida del protagonista, los preparativos de la misión y una suerte de visita guiada por los entretelones del cambio climático (hacia arriba o hacia abajo).

El libro se escribió previo a la pandemia de COVID y ya adelanta las dificultades de salir de una crisis de esas dimensiones con el esquema de enfrentamientos nacionales actuales, ideológicos y económicos. Y contiene un llamado que ha mostrado ser oportuno, la necesidad de la unidad de la humanidad para enfrentar los grandes desafíos, unidad que se antoja más difícil hoy que encontrar vida extraterrestre, desafortunadamente. En muchos sentidos es un llamado a entrar en acción, desde la unidad, para enfrentar el cambio climático, recurriendo a una fábula muy convincente.

Sin duda un libro apasionante y una manera muy buena de acercarse a la ciencia y relajarse un poco de las noticias tan deprimentes del mundo. No se lo pierda.


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.