“Pablo no vivía en las torres de marfil, hacía su trabajo de manera ejemplar, pero Pablo nunca dejó de caminar con comunidades y problemas reales de la sociedad. En la costa michoacana, en Morelia a través del Consejo Estatal de Ecología, con el Movimiento de la Loma, y con diferentes movimientos políticos, Pablo no escondía su ideología ni sus convicciones”.

 

Leonor Solís

El jueves 3 de febrero por la noche comenzó a circular la noticia: Pablo había fallecido. Todos comenzamos a llamar y buscarnos entre nosotros. ¿Cómo, pero si recién me escribió? Si lo vi antier y platicamos en el pasillo… ¿Qué pasó? Nadie entendíamos, porque hay muertes que no avisan, no se esperan, no tocaban.

Lo impresionante fue la ola, una ola gigante, de ese mar que tanto le gustaba. La muerte de Pablo fue como el aleteo de esa mariposa que provoca un huracán.

Pablo no era de esas personas que aparecen en primeras planas, de esas que están todo el tiempo en las portadas, en la foto. Por el contrario, podría decirse que Pablo tenía un perfil bajo, que jamás fue bajo, porque al final era tan alto que todos lo notábamos, no podía pasar desapercibido. Su altura fue inminente tras su muerte. Mensajes de muchos de sus compañeros de su aula mater, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; de la UNAM, donde trabajó los últimos 25 años; del Consejo Estatal de Ecología; del Movimiento Ciudadano en Defensa de la Loma, sólo por nombrar algunos.

Pablo de forma discreta y jamás protagonista estaba aquí y allí. Todos comenzamos a recordar todo lo que fue Pablo, sus conversaciones, que era bien carrilla, su sarcasmo, su burla, su crítica, su terquedad, su silencio y su voz cuando decía lo que tenía que decir.

Pablo no siguió esa carrera académica lineal y especializada, comenzó con caracoles marinos y su pasión las tortugas marinas. En aquel entonces, estamos hablando aproximadamente de 1993, Pablo obtuvo el reconocimiento del World Wildlife Service US por su trabajo de conservación de la tortuga marina en territorio indígena. Pablo es conocido en toda la costa, pero especialmente en el Faro de Bucerías, Colola y Motín del Oro.

Posteriormente realizó su maestría en Conservación de Recursos Naturales en la UMSNH y allí comenzó su historia con el doctor Víctor Toledo, puesto que Pablo se alejó del mar y se dedicó a estudiar la etnoecología purépecha en Nahuatzen, de allí otra de sus grandes pasiones, las culturas indígenas. Su trabajo de tesis fue “Ecología y transformación campesina en la meseta P’urhépecha : una tipología socio-ecológica de productores rurales de Nahuatzen, Michoacán”. La cultura purépecha entró a sus venas y le dio nombres para sus tres hijos. Su trabajo de tesis obtuvo un reconocimiento como la segunda mejor investigación sobre el campo mexicano.

Pablo desde entonces trabajó en el Laboratorio de Etnoecología de la UNAM junto con Toledo, hasta ahora.  En el ámbito académico, casi lo que hacía ganaba algún premio. Escribió libros, capítulos, artículos científicos. No paró de producir en temas de etnoecología, grupos indígenas, producción rural, bioculturalidad, con diversas universidades, agencias, instituciones y distintas comunidades indígenas. Un académico ejemplar.

Cuando lo conocí realizaba el atlas etnoecológico de México y Centro América. A este proyecto le siguieron la investigación de experiencias exitosas de manejo indígena y otra más sobre defensores ambientales, todas realizadas en el Laboratorio de Etnoecología del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM. Pero Pablo no se limitaba a eso.

Otra de las pasiones de Pablo era la docencia, era un profesor completamente entregado, apasionado por sembrar en los estudiantes su semilla, su forma de mirar y hacer las cosas. Tuve la fortuna de dar clases con él y llevábamos a los chicos a la Costa michoacana a trabajar en la conservación de la tortuga negra en Colola, a San Juan Nuevo, la mariposa monarca, con la asociación de recolectores de Hongos “la Villita”en Yoricostio. Estoy segura que marcó a la mayoría de ellos. Porque Pablo reunía tres características que sólo puedo explicar a través de la teoría del pensamiento etnoecológico: cosmos, corpus y praxis. Cosmos representa la cosmovisión, corpus el conocimiento y praxis se refiere a la práctica.

Pablo tenía conocimiento, pero no sólo el académico, de que algo se le metía a la cabeza no había manera de detenerlo. Fue un académico fuera de lo común, porque su pasión por las culturas también lo llevó a desarrollar un crecimiento espiritual a través de caminos indígenas que compartía con nosotros, así que tampoco escondía sus creencias. 

Finalmente, “la praxis” que a tantos académicos nos hace falta. Pablo no vivía en las torres de marfil, hacía su trabajo de manera ejemplar, pero Pablo nunca dejó de caminar con comunidades y problemas reales de la sociedad. En la costa michoacana, en Morelia a través del Consejo Estatal de Ecología, con el Movimiento de la Loma, y con diferentes movimientos políticos, Pablo no escondía su ideología ni sus convicciones. Así que estaba allí al lado de Mireles, de candidatos, de movimientos ciudadanos. Como dije, nunca en la foto, nunca de protagonista. Pero allí estaba y eso se notó en pocas horas a partir de la noticia de su fallecimiento.

El último gran proyecto de Pablo, Adriana su esposa y sus tres hijos Atziri, Shani e Irekani, es “Tsintsani” un área voluntaria para la conservación. Un proyecto de vida, el resultado de un largo camino recorrido como pareja, como familia de congruencia. Y así termino este escrito.

Pablo -y no sólo lo digo yo, lo decimos muchos-, fue una de las pocas personas congruentes que conocimos, con su pensar, con sus ideales, con sus acciones. Un infatigable soñador, que no paró en toda su vida y predicó con el ejemplo. Una persona que nos hará falta.


Mi pasión personal y profesional es la comunicación ambiental, en específico la comunicación audiovisual ambiental. Trabajo realizando esa labor en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM. Soy miembro de la mesa directiva de la Asociación Internacional de Comunicación Ambiental y miembro fundador de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia. Me gustan muchas cosas muy disímiles, pero más me gusta la idea de compartir, compartir curiosidad, aficiones, gustos. Compartir y construir juntos. Por eso me dedico a compartir lo que me encanta y me parece importante. Encontrar otros que comparten lo mismo, hacen y no se dan por vencidos, es el regalo.  Espero nos encontremos en este camino.