Tanto en su fecundación como en desarrollo, el cacahuate es una especie con flores hermafroditas de ciclo anual, como nos ilustra el autor de este texto publicado en Cienciario en febrero del 2018.

 

Rafael Salgado-Garciglia

Si no eres alérgico a los cacahuates, seguramente son una de tus botanas favoritas, que podemos consumir en una gran variedad de presentaciones -salados, horneados, enchilados y dulces-. Aunque es considerado un fruto seco como las almendras o las nueces, botánicamente es una leguminosa como las lentejas y los garbanzos, ya que el cacahuate o maní (Arachis hypogaea) pertenece a la familia Fabaceae.

La planta de cacahuate es originaria de América, crece de 30 a 50 centímetros de altura, es anual, es decir, germina, florece y muere en el curso de un año. Es una especie con flores hermafroditas amarillas o naranja pálido; como puede fecundarse a sí misma, una sola planta es capaz de producir frutos sin necesidad de estar cerca de otra planta de la misma especie.

Recientemente en 2016, los estudios genéticos revelaron que el cacahuate actual es un híbrido de dos especies silvestres, originado hace unos nueve mil 400 años por el cruce de A. duranensis (del norte de Argentina) con A. ipaensis o A. magna (de Brasil). Ya como A. hypogaea se ha cultivado desde hace unos ocho mil años «Se han descubierto restos de cacahuates de hace más de siete mil años, en Paiján y en el valle de Ñanchoc (actual Cajamarca) en Perú».

Tanto sus hojas como sus flores están extendidas durante el día y se pliegan -cierran- durante la noche, movimiento característico de varias leguminosas llamado nictinastia. Esto ocurre con la oscilación del día y la noche, por lo que constituye un ritmo circadiano, sucede por los cambios de temperatura que se relacionan con el movimiento de iones en las células de estos órganos, principalmente de potasio, malato y calcio.

Los frutos de esta planta se desarrollan bajo el suelo dentro de una vaina sin pulpa, que al madurar se seca y endurece, que contiene de dos a cinco semillas -los cacahuates-. Por eso, cuando compramos estas vainas en algún mercado, muchas veces aún tienen restos de suelo. El nombre de cacahuate proviene del náhuatl, que significa “granos de cacao de la tierra”.

Esta botana aporta un 26 por ciento de proteína, vitaminas como la B1, E y niacina, proporciona además una combinación de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, siendo el oleico y el linolénico los más abundantes. Contiene también potasio, fósforo, hierro, calcio y magnesio, con un bajo contenido en sodio.

Los cacahuates son ricos en el aminoácido arginina, resveratrol, fitoesteroles, ácidos fenólicos, flavonoides y coenzima Q10, que tienen función protectora en enfermedades crónico-degenerativas como las cardiovasculares, la diabetes y el cáncer, y por poseer actividad antioxidante, antiinflamatoria y antitumoral, entre otras.

El cacahuate contiene unas proteínas llamadas globulinas, la araquina y la conaraquina, que al parecer están relacionadas con la alergia que estas semillas producen; se presume que se debe a la acción de la inmunoglobulina E (IgE), que actúa para liberar histamina y otras sustancias. Éstas inducen vasodilatación y la obstrucción de los bronquiolos de los pulmones, también conocido como bronco-espasmo, con síntomas que incluyen vómitos, diarrea, urticaria, angioedema (hinchazón de los labios, cara, la garganta y la piel), asma y choque anafiláctico.

Ya con esto queda claro que el cacahuate es una leguminosa que crece en el subsuelo, es nutritivo y con propiedades funcionales y medicinales, pero lo asombroso de este fruto es que presenta una rareza botánica -es un fruto geocárpico-, una característica que tienen muy pocas plantas. De hecho, el nombre de la especie de cacahuate, “hypogaea”, significa en griego “debajo de la tierra”.

¿Qué es un fruto geocárpico?

La geocarpia es un tipo de dispersión de semillas en la que los tallos o pedúnculos florales se curvan hacia el suelo para enterrar las vainas o cápsulas inmaduras. Después de la fecundación, en los pedúnculos florales ocurren movimientos geotrópicos positivos -crecimiento a favor de la gravedad o con dirección al suelo-. Este mecanismo que ocurre en la planta de cacahuate se ha reportado desde los primeros tratados escritos de botánica. En 1801 en el libro Descripción de las plantas, el botánico y naturalista español Antonio Josef Cavanilles hace esta descripción:

«En el cacahuate ó Arachys hypogaea de Linneo se extienden prodigiosamente hasta introducirse en la tierra y esconder en ella el fruto, para que abrigado allí, crezca y madure sin alterarse la parte aceitosa que contiene»

Después de la auto-polinización, las flores pierden sus pétalos y los ovarios fertilizados comienzan a agrandarse, e inicia la curvatura de los tallos florales, señalando a los ovarios que se desarrollen hacia el suelo. Las células en la base de los ovarios se dividen y eventualmente forman un tipo de gancho que se extienden al suelo y se incrustan en éste, creciendo ahora de forma horizontal (paralelas a la superficie del suelo). Las auxinas, fitohormonas con una alta actividad de elongación celular, están involucradas en este proceso. La punta de este gancho o clavija absorbe agua y nutrientes, y se hincha para formar una cáscara simple y arrugada, en la que se forman y maduran los embriones para dar lugar a los cacahuates.

Además del cacahuate, el trébol subterráneo (Trifolium subterraneum), las especies rupícolas de los géneros Cymbalaria y Sarcocapnos, y la hierba lombricera (Spigelia genuflexa) recién descubierta en Brasil, diseminan sus semillas por geocarpia. Algunas plantas como Vicia sativa subespecie anphicarpa, producen sus semillas tanto aéreas como subterráneas en la misma planta. Este mecanismo es una adaptación de las plantas para asegurar el mantenimiento de la especie en el lugar y posiblemente para resguardar las semillas de depredadores.


Fotografía: Pixabay


Profesor e Investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Biotecnólogo y cultivador de plantas, pero también…de ciencia.