“Las moléculas de olor están a nuestro alrededor poniendo el entorno en contacto directo con nuestro cerebro, percibimos a los otros y lo otro. Pero el funcionamiento no es tan simple ni es igual en todo el reino animal.”

 

Horacio Cano Camacho

En casa tenemos dos perros, una hembra madura y un macho muy joven. Tienen una excelente relación. Conviven permanentemente, juegan, se extrañan. Cuando se separan por alguna razón, se buscan y lloran al no encontrarse, o nos “exigen” que los juntemos cuando están en espacios separados. De verdad tienen una convivencia muy armónica… hasta que los bañamos y entonces nos preparamos para no dormir…

Durante el baño, el técnico veterinario vacía las glándulas o sacos perianales de los perros. Estas estructuras funcionan lubricando el recto y secretando un aceite que funciona como una tarjeta de identidad. Si el técnico no lo hace, estos sacos pueden obstruirse con el riesgo de infecciones fuertes, quistes o abscesos, como sucede en nosotros con los barros y puede llegar a ser muy delicado.

Esas estructuras tienen la función de comunicación, secretan olores que son percibidos por otros perros a través del órgano vomeronasal, situado detrás de la nariz y conectado directamente al cerebro. Los perros informan con él sobre su sexo, enfermedades, estatus, temperamento… Cuando bañan a Nina, Otto sufre un repentino ataque de amor que le dura dos o tres días: no encuentra consuelo, pierde la voluntad, no duerme, se olvida de todo lo demás, incluyendo comer, de sus golosinas y juguetes favoritos. Es una señal eminentemente sexual y Otto es presa de su pasión.

El órgano vomeronasal se encuentra en todos los mamíferos, excepto en los primates antropoides, como nosotros. Se han reportado en humanos, en estudios no concluyentes, la presencia de una estructura vestigial parecida, formada por células epiteliales (pocas) en el techo de la boca y la base de la nariz, pero en todo caso sigue siendo muy debatido.

La función de este órgano es percibir las feromonas, un grupo de sustancias secretadas por los individuos de muchos animales, capaces de generar una respuesta específica en otros sujetos de la misma especie. Dicho término se usa para caracterizar a casi todas las sustancias, contenidas en los fluidos corporales como el sudor y la orina, y que son utilizadas para comunicarse entre sujetos de una misma especie. El sistema de las feromonas es la vía de comunicación más importante para transmitir información relacionada con los estados sociales y de género, en animales de una misma especie, incluso de plantas a insectos y otros polinizadores. Se conoce muy bien su función en el reino animal.

El olfato es un sentido muy subestimado entre los humanos. Por alguna razón nos parece un sentido primitivo. Y lo es en su origen. Pero es un sistema fundamental y si no lo hemos reflexionado, pensemos en su perdida, como sucedió con la pandemia de Covid que produjo muchos casos de anosmia: la comida deja de tener sabor, perdemos un sistema de evocación y de empatía, dejamos de percibir la comida contaminada o en descomposición y es más fácil intoxicarnos. La nariz está revestida de millones de células receptoras de los olores en su mucosa, con las que percibimos el mundo y como este órgano se encuentra muy comunicado con el cerebro, transforma las señales moleculares en eléctricas y las envía a este órgano, y aquí al encontrase con el sistema límbico y la amígdala, está vinculado con la evocación de recuerdos y los sentimientos.

Las moléculas de olor están a nuestro alrededor poniendo el entorno en contacto directo con nuestro cerebro, percibimos a los otros y lo otro. Pero el funcionamiento no es tan simple ni es igual en todo el reino animal. Todos los indicios experimentales parecen confirmar la existencia de feromonas en los humanos, pero nuestra conducta se activa, ejerce y modera por muchos procesos más complejos que otros animales. Para comenzar, la persistencia de las experiencias en la memoria, y vaya que el aroma nos remite a nuestra historia personal, a nuestro pasado individual. También, la atracción depende de nuestra relación y vínculos con nuestra especie y todos los procesos culturales que han moldeado nuestras acciones.

Hay en internet miles de páginas que ofrecen “formulas naturales” o “sintéticas” de “feromonas” que nos harán atractivos para los otros. Que al untarnos tal o cual perfume los otros o las otras se van a desvivir para tenernos. La verdad son notas sin la menor evidencia, pura chapucería. Las claves de la atracción en humanos son, en su mayoría, desconocidas aún, es más, ni siquiera sabemos si tales claves existen o son una regla para todos, si lo que le funciona a Luis o María me funcionará a mi…

Imagine que me pongo tal loción o mi vecina se la pone y yo me comporto como Otto y me desvivo o me desmuero por tenerla. En realidad, es solo fraude y una industria millonaria. Gastamos más de 90 mil millones de dólares en ocultar nuestro olor, en intentar manipular con el mismo, en experimentar fórmulas que sean, de alguna manera nuestra etiqueta, pero tal vez el secreto de ser atractivos sea una simple sonrisa o una frase, que además, resultan gratuitos… todo esto lo estoy pensando mientras Otto llora desconsoladamente la lejanía de su Nina y de paso, nos desvela.


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, porque en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.