“A mayor calor y humedad, mejores condiciones para el establecimiento y reproducción del heno motita, quien además produce semillas aladas que pueden volar y establecerse en todos los árboles de los alrededores o colonizar áreas muy extensas de territorio”.

 

Horacio Cano Camacho

Hoy por la mañana salí a regar las plantas del camellón frente a casa. Es la única área verde que poseemos y algunos vecinos (pocos) la cuidamos como si fuera un bosque. Con mucha alarma observé que un fenómeno que veníamos notando desde unos meses atrás, se ha recrudecido. Nuestros árboles, de todas las especies, se están muriendo…

Los fraccionadores aprovecharon una cortina de casuarinas que protegía la zona de cultivo en donde ahora se asientan nuestras casas para construir un camellón y reportarlo como “área verde”. Como es la única en todo alrededor, los vecinos nos propusimos conservarla y plantar allí otras especies de árboles y flores. Al poco yo observé que algunas casuarinas, una especie australiana introducida al país en 1906 para crear barreras contra el viento, comenzaron a secarse y se llenaron de una planta conocida como heno motita o gallito (Tillandsia recurvata).

Esta es una especie de epífita de la familia de las bromeliáceas (como la piña, la bromelia), naturales de los países tropicales de américa. Las epífitas no requieren del suelo para su desarrollo, porque crecen directamente encima de otras plantas donde consiguen ventajas para la captura de luz y humedad y establecen una relación de comensalismo sobre la planta que usan de soporte. Aparentemente esta relación no perjudica al árbol (es el caso de las orquídeas), ya que no se alimentan de la planta, no le “roban” nutrientes y su interacción se limita a usar al árbol de soporte. Sin embargo, en el heno motita, hay muchos reportes de que pueden dañar al huésped limitando su fotosíntesis, asfixiarlo o provocado la ruptura de sus ramas debido al peso.

Frente a casa la evidencia parece muy clara. Las motitas de heno llegaron en muy pequeña cantidad, se instalaron en algunos árboles y, luego de un tiempo, comenzamos a observar una explosión en su abundancia, incluso los podemos ver en el suelo, sobre hierbas y en el piso, lejos del camellón. A los pocos meses ya eran notorios los estragos, manchones secos en las ramas que colonizaron y ahora ya hay muchos arboles completamente muertos y restos de heno motita.

¿A qué se debe esa explosión de las poblaciones de esta especie? Ya comenté que es tropical, es decir, se ve favorecida por una humedad alta y el calor. Se le puede encontrar en climas templados, incluso puede ser muy evidente en bosques de pino, pero sus poblaciones están contenidas de manera natural por la competencia y el ciclo climático. Pero es en las ciudades es donde el problema se ve más agravado. Sabemos que hay un incremento lento de la temperatura en todo el mundo como consecuencia del cambio climático global y esto ha traído temporadas más cálidas, inviernos menos fríos y alteraciones en el régimen de lluvias, en ocasiones muy abundantes, con años muy secos.

Pero hay un fenómeno adicional, que tal vez sea el responsable del fenómeno frente a mi casa: Las islas de calor. Este fenómeno lo podemos notar facilmente por las mañanas. Si miramos el termometro podemos ver temperaturas frescas -digamos unos 6°- y a medida que viajamos a nuestros trabajos o a la escuela y nos adentramos en la ciudad, en pocos minutos el termómetro marca incrementos muy rápidos de la temperatura -en ocasiones hasta los 14 o 16°-. La diferencia se explica por la presencia de aire más caliente en las zonas urbanas motivada por los suelos de concreto o asfalto, la carencia de áreas verdes y la densidad de construcciones “opacas”, todo lo cual provoca una mayor absorción de energía calórica y una dispersión más lenta de la radiación solar. Este efecto es más notorio cuando el cielo esta despejado y hay brisas suaves de viento.

A mayor calor y humedad, mejores condiciones para el establecimiento y reproducción del heno motita, quien además produce semillas aladas que pueden volar y establecerse en todos los árboles de los alrededores o colonizar áreas muy extensas de territorio.

Nosotros estamos creando las condiciones a esta especie para que termine dañando o matando a nuestros árboles, con lo cual se recrudecerá el fenómeno de las islas de calor en las ciudades: un ciclo vicioso perfecto.

Nuestra idea de progreso durante años -fomentada en gran medida por los propios desarrolladores urbanos y unas autoridades sometidas-  ha sido llenar el espacio urbano de planchas de asfalto y concreto, estacionamientos, construcción de vialidades cada vez más absurdas para incentivar el uso del automóvil privado en contra de sistemas de transporte colectivo eficiente y digno, el fraccionamiento de las pocas áreas verdes que tenemos, incluso de los cerros que rodean las ciudades y dejar a una muerte lenta de los parques por la inacción de las autoridades, además de aceptar que los desarrolladores hagan pasar por área verde los camellones y arriates de las banquetas.

El problema, por desgracia, no es solamente el camellón frente a mi casa, en la ciudad y en todo el país (hay zonas de miles de hectáreas dañadas por el heno), los árboles urbanos se están muriendo, víctimas no del heno motita, sino de nuestra estupidez y la inacción de las autoridades responsables. Salga a la calle y mire por una vez a los árboles, verá la plaga en toda su extensión y no es solo heno motita o gallito, por desgracia. El bosque Cuauhtémoc, el Parque Juárez, el bosque Lázaro Cárdenas y las pocas avenidas arboladas que aún quedan, se están muriendo arrasadas por otras plantas, también favorecidas por las islas de calor que hemos construido, pero estas son aún peores, no son epífitas, son parásitas y son por lo tanto, más eficientes para matar.

Ayúdeme por favor a que se hable del problema, a que cobremos conciencia del mismo y tal vez lograr que “nuestros” gobiernos por única vez, hagan lo que les encomendamos. La inacción conducirá a la muerte de los árboles que nos quedan y con ello…


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.