“El reclamo por una respuesta justa y responsable sobre los daños y pérdidas, ha estado presente desde la creación de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Sin embargo, también se mantiene desde el inicio, la oposición continua y sistemática de parte de los países del norte hacia las propuestas que buscan establecer mecanismos basados en la responsabilidad y justicia, que garanticen financiamiento y compensación/rehabilitación a quienes son más afectados.”

 

Leonor Solís

La semana pasada hablé sobre la situación que está viviendo Pakistán: un tercio del país bajo el agua; unos 33 millones de personas sin hogar; los cultivos perdidos; miles de millones de dólares de daños y; una crisis alimentaria inminente. Lo peor de todo es que  siguen llegando las lluvias sin precedentes.

El megamonzón que ha vivido estos meses Pakistán, significa que llovió 700 por ciento más que las lluvias habituales de agosto en algunas partes del país, con aguas de inundación impulsadas por el deshielo de la enorme ola de calor que azotó el país en marzo. Los expertos afirman que estos son efectos del cambio climático que se planteaban para el futuro, pero ya los estamos viviendo en el presente.

«Es difícil no sentirse profundamente conmovido al escuchar descripciones tan detalladas de la tragedia», dijo el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, tras aterrizar en Sindh, según un vídeo publicado por la oficina del primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif.

«Pakistán necesita una ayuda financiera masiva. No es una cuestión de generosidad, es una cuestión de justicia», señaló Guterres, quien dijo que el mundo debe comprender el impacto del cambio climático en los países de bajos ingresos.

No es de extrañar que la ministra del clima de Pakistán, Sherry Rehman, pida no sólo ayuda inmediata, sino que los países ricos industrializados compensen los daños causados por sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Rehman declaró al periódico inglés The Guardian, que Pakistán ha emitido menos del 1 por ciento de los gases de efecto invernadero del mundo, pero ya se encuentra entre las naciones más afectadas. «El trato hecho entre el norte global y el sur global no está funcionando… el cambio climático se está acelerando mucho más rápido de lo previsto».

Los países ricos, sin embargo, muestran muy poco entusiasmo por pagar por las pérdidas y daños causados en parte por sus emisiones. Pero a medida que los impactos climáticos empeoran, ¿será posible que esta situación perdure?

Los impactos climáticos son injustos y fuerzan a muchos de nuestros países a vivir en espirales de emergencia y reconstrucción. Los daños y pérdidas continuamente lesionan el desarrollo de nuestros pueblos y son una amenaza existencial. Es importante reconocer que, hasta la fecha, no es viable evitar o minimizar todos los impactos del cambio climático y por tanto, en la actualidad nuestras sociedades, como la de Pakistán, están viviendo estos daños y pérdidas.

Los daños y pérdidas afectan desproporcionadamente a las personas que viven en condiciones de vulnerabilidad, pueblos indígenas, mujeres, niñez y personas con discapacidad. Las personas que están social, económica, cultural, política, institucionalmente o de cualquier manera marginadas, son especialmente vulnerables al cambio climático.

El reclamo por una respuesta justa y responsable sobre los daños y pérdidas, ha estado presente desde la creación de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Sin embargo, también se mantiene desde el inicio, la oposición continua y sistemática de parte de los países del norte hacia las propuestas que buscan establecer mecanismos basados en la responsabilidad y justicia, que garanticen financiamiento y compensación/rehabilitación a quienes son más afectados.

La falta de una respuesta efectiva para afrontar los daños y pérdidas hasta la fecha no se ha resuelto tanto por la complejidad que implica, o lo novedoso que resulta este tema en la política global. Los países más vulnerables llevan tres décadas planteando mecanismos de financiamiento y esquemas de acción sin recibir respuesta de la comunidad internacional. El vacío actual en cuanto a la respuesta para afrontar los daños y pérdidas es un síntoma de la política irresponsable, que por décadas han sostenido países como Estados Unidos, dentro de los procesos de negociación internacional sobre cambio climático.

Pero, aunque los 165 países que forman parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático están de acuerdo en que esto está ocurriendo, no hay consenso sobre quién debe pagar ello.

Las recientes conversaciones del G20 en Bali fracasaron, en parte, por esta misma cuestión. El quién paga, suscitó un gran debate entre los países industrializados y los países en desarrollo, que tampoco se pusieron de acuerdo sobre la intensidad de las críticas al incumplimiento por parte de los países ricos, de su promesa de aportar 145 mil millones de dólares anuales para la financiación de la lucha contra el cambio climático antes de 2020.

Es un tema muy complejo porque, aunque sabemos que los países de industrialización temprana, como Estados Unidos, han emitido volúmenes desproporcionados de gases de efecto invernadero, es mucho más difícil precisar en qué medida el cambio climático ha contribuido en acontecimientos concretos.

En Pakistán, por ejemplo, la estación de los monzones siempre ha formado parte de los patrones climáticos de la región. Sería difícil asignar una compensación justa, si no se sabe en qué medida ha contribuido al desastre un país con grandes emisiones.

Dicho esto, otro punto relevante lo representan las empresas de combustibles fósiles y su influencia en el cambio climático -y también en la presión para impedir la acción climática-; algunos consideran que probablemente será más fácil determinar la responsabilidad de las empresas privadas que de naciones enteras. De manera que por un lado es difícil determinar en que medida naciones y/o empresas son responsables.

Por el otro lado, los países ricos cuestionan con cierta razón. ¿A dónde iría la compensación? ¿Fluiría a las comunidades más afectadas o sería absorbida en gran parte por las burocracias centrales y gobiernos corruptos? ¿Qué pasará en el caso de países emergentes que contaminan mucho, como China, que aún se considera un país en desarrollo pero que emite aproximadamente un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, más del doble de las emisiones anuales de Estados Unidos? ¿Qué tribunales decidirían la cuantía de la indemnización, dado que no hay «tribunales climáticos» equipados para tratar estas cuestiones?

Por ello, el tema de las compensaciones es tenso y polémico. A pesar de su popularidad entre algunos líderes de países en vías de desarrollo y defensores de la justicia climática, la complejidad legal y las enormes sumas de dinero potencialmente implicadas hacen que nunca llegue a prosperar.

Lo más probable es que veamos un aumento de la financiación y la ambición para la adaptación al clima y la respuesta a las catástrofes: la financiación climática, como se conoce. La diferencia es que en este caso la financiación se da por voluntad propia. Pero en la actualidad, la financiación climática no está fluyendo ni de lejos a los niveles necesarios.

El problema es que este asunto corre el riesgo de eclipsar negociaciones climáticas cruciales. La politización de las compensaciones paraliza otros aspectos de la lucha contra el cambio climático en los que es urgente avanzar, como la obtención de fondos inmediatos para las personas afectadas por las catástrofes naturales provocadas por el cambio climático.

Pakistán encabezará el bloque de países en desarrollo en las negociaciones de la conferencia sobre el cambio climático COP27, a celebrarse en noviembre en Egipto. Es de esperar que se produzcan intensas negociaciones y fuertes discusiones sobre el pago de compensaciones y el financiamiento por pérdidas y daños.

La conferencia de este año ya se esperaba tensa, dado el trasfondo de la crisis energética que azota a Europa y la lucha por conseguir más combustibles fósiles para suplir las carencias de suministro, así como la multiplicación de los desastres climáticos.

Como nos muestran las sequías sin precedentes en Europa y Estados Unidos, los países ricos no son inmunes a los impactos climáticos. Sin embargo, tienen una mayor capacidad para afrontarlos y recuperarse.

Lo que está claro es que el financiamiento para el cambio climático necesita aumentar y gastarse de forma eficaz. Requiere ser justo, pragmático y práctico, dejando de lado el debate politizado sobre las pérdidas y los daños y las indemnizaciones para garantizar que las personas sobre el terreno -como los millones que se han quedado sin casa en Pakistán- puedan acceder a la ayuda global.


Fotografía: Matt Palmer | Unsplash


Mi pasión personal y profesional es la comunicación ambiental, en específico la comunicación audiovisual ambiental. Trabajo realizando esa labor en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM. Soy miembro de la mesa directiva de la Asociación Internacional de Comunicación Ambiental y miembro fundador de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia. Me gustan muchas cosas muy disímiles, pero más me gusta la idea de compartir, compartir curiosidad, aficiones, gustos. Compartir y construir juntos. Por eso me dedico a compartir lo que me encanta y me parece importante. Encontrar otros que comparten lo mismo, hacen y no se dan por vencidos, es el regalo.  Espero nos encontremos en este camino.