De las plantas, los árboles son las que más conserva nuestra memoria, dada su permanencia incluso más allá de nuestra propia vida sobre la Tierra. Este texto, publicado el 14 de mayo de 2018 en Cienciario, aborda las estructuras y funciones de plantas que llegan a ser presencias aparentemente perennes.

 

Rafael Salgado-Garciglia

La longevidad es un término que se relaciona con la duración de la vida de un organismo y se utiliza frecuentemente para indicar la edad o lo “viejo” de un ser vivo, como la longevidad de un árbol. Las plantas son consideradas los organismos más longevos de nuestro planeta, porque no estamos hablando de cientos de años, sino de miles.

La mayoría de las plantas más longevas con edades cerca o más de los mil años, son plantas clonales, éstas que tienen la capacidad de producir hijuelos a partir de su sistema de raíces, en las que la planta original regularmente muere.

Entre éstas tenemos a los álamos temblones (Populus tremula) de Utah en Estados Unidos de América (EUA), una colonia de árboles que nacen de un mismo sistema radicular con una edad aproximada de 80 mil años; al roble Jurupa (Quercus palmeri) de California en Estados Unidos, también con crecimiento clonal con una edad de trece mil años; en Japón, las plantas más longevas son del género Cryptomeria que viven entre dos y tres mil años, el árbol sugi (Cryptomeria japonica) ha sido declarado patrimonio de la humanidad por considerarlo el árbol más longevo con tres mil años; otro árbol, uno de los más longevos de este tipo es una especie de abeto (Picea sp) en Noruega, descubierto en la provincia de Dalarna (Suecia), que aunque el árbol tiene unos 600 años, su sistema de raíces se calcula que lleva creciendo por cerca de los diez mil años; también la Posidonia oceanica, una planta acuática endémica del Mediterráneo, es considerada la más longeva de todo el planeta por mantenerse viva por reproducción clonal por más de 100 mil años.

Sin embargo, la longevidad también la encontramos en algunas especies de árboles individuales, es decir con un solo sistema de raíces y un solo tronco, como olivos, cipreses, robles, castaños, pinos, secuoyas, tejos, ginkgos, entre otras más, con vida muy larga, que pueden superar incluso los mil años.

Los árboles más longevos

Entre los árboles más longevos –no clonales- están dos individuos de Pinus longaeva con una edad aproximada de cinco mil años, localizados en California y Nevada (EUA), y las secuoyas gigantes de California (Sequoia sempervirens), con edades de entre los dos y tres mil años. Hay restos de árboles muertos cuyos anillos indican que tienen entre uno y tres mil años. Algunos árboles alcanzan hasta los 100 metros de altura y más de 30 metros de circunferencia, hasta ahora, el más longevo es de unos tres mil años, que tiene una altura de 83 metros con hasta 31 metros de circunferencia.

En Europa se han encontrado árboles milenarios como el tejo (Taxus baccata), olivos (Olea europea), castaños (Castanea sativa) y juníperos (Juniperus thurifera). Algunas especies de palmeras alcanzan edades mayores a los quinientos años como Washingtonia robusta y Brahea armata en California (EUA) y Livistona eastonii en Australia.

En México, los árboles de ahuehuete o sabinos (Taxodium mucronatum), son los árboles más longevos con hasta dos mil años de edad, como el árbol del tule en Santa María del Tule en Oaxaca, que por su apariencia presenta un crecimiento clonal. Además de este árbol, hay individuos milenarios como los del bosque de Chapultepec en Ciudad de México y en diversos bosques de galería de los estados de San Luis Potosí, Durango y Querétaro, con cerca de los seiscientos años.

¿Cómo se estima la edad de un árbol?

Para estimar la edad en árboles milenarios con crecimiento anual, como el que presentan las coníferas y algunas latifoliadas caducifolias (árboles o arbustos de hoja ancha), el procedimiento más común es mediante la obtención de secciones transversales o extracción de núcleos de crecimiento del tronco principal, calculando la edad con base en el número de anillos encontrado en la muestra más la adición de cierto número de años que se estiman según el crecimiento de cada especie. Otra alternativa para determinar la edad de árboles, sobre todo en aquellos en que el número de anillos no se relaciona con el crecimiento anual como las especies tropicales, es el análisis químico de isótopos, específicamente con el uso de carbono 14.

¿De qué depende la longevidad en las plantas?

La longevidad en plantas está determinada por centros de células que permanecen metabólica y funcionalmente activas, denominados meristemos, capaces de desarrollar continuamente nuevos tejidos y órganos, que les permite regenerar nuevas raíces y rebrotar para continuar floreciendo y produciendo semillas.

Además, en los árboles, aunque veamos sus troncos muertos, mantienen funcionales los tejidos conductores de agua y nutrientes, así como un área de anillos internos con células en división activa, el cambium, responsable de los incrementos anuales en grosor del tronco. Un grupo de células denominadas organizadoras o quiescentes, controlan la división de las células de los meristemos y las reponen si es necesario, aunque generalmente permanecen en reposo o con una frecuencia de división muy baja.

Los estudios sobre la senescencia o envejecimiento en plantas sugieren que este proceso es regulado por la expresión o represión de genes involucrados en la síntesis de enzimas que lo controlan, así como por la acción de reguladores de crecimiento de plantas como el etileno y las citocininas. Algunos investigadores han propuesto un mecanismo que controla la producción de otro regulador llamado fitosulfoquina, que induce la división de células quiescentes para generar nuevas células meristemáticas. Se ha logrado identificar a la proteína ERF115 que controla la división celular, ésta se activa cuando el número de las células meristemáticas disminuye.

También la longevidad de las plantas se ha relacionado con la función que tienen los telómeros -secuencias de ADN no codificante que se hallan en cada uno de los extremos de los cromosomas- ya que éstos aseguran la correcta división celular y son esenciales en el envejecimiento de los seres vivos, principalmente animales y plantas. Las células de individuos jóvenes tienen telómeros más largos, y a medida que éstos envejecen, los telómeros se acortan hasta que ya no permiten nuevas divisiones celulares. En plantas, ahora se sabe que los telómeros son fundamentales para la renovación de las células meristemáticas en el crecimiento de las plantas, y que cuando los telómeros se acortan de forma anormal o con la edad, se agotan las reservas de este tipo de células en poco tiempo y dejan de dividirse, llevando al envejecimiento y muerte.


Fotografía: Michael Gaida | Pixabay.


Profesor e Investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo biotecnólogo y cultivador de plantas, pero también…de ciencia.