“La melanina se produce y acumula en unas células llamadas melanocitos. Los mamíferos solo tenemos un tipo de célula pigmentaria. Otros animales, como los peces, anfibios y reptiles tienen una gran variedad de estas células…”

 

Horacio Cano Camacho

Hoy por la mañana, mientras me aseaba, estuve pensando en el “color” de mi piel. Soy una persona morena, tendiendo a moreno claro, realmente tengo la tonalidad promedio de la especie humana. Pero el color no es uniforme, las palmas de las manos o las plantas de los pies son más claras y tengo lunares muy oscuros. Mientras escribo esto, miro algunas fotografías de mis hermanos(as) y los hay de varios colores. Algunos son más blancos, incluso con pecas.

Somos un país con una enorme diversidad de colores. Pensar en un tipo único es imposible. Tengo alumnos “güeros”, blancos-rosáceos, pelirrojos con pecas, morenos o muy morenos y eso me hace pensar en los fundamentos del color de la piel.

A pesar de que hay mucha gente que pone demasiada atención en esta cualidad, incluso que trata de vincularla con otros factores biológicos y hasta sociales y de manera aberrante, le tratan de asignar “valores morales”, en realidad es un carácter con el mismo fundamento en ratones, perros, peces y otros vertebrados; la activación de ciertos genes y la migración de células especializadas que los expresan. Así sin más, son caracteres absolutamente prescindibles y para nada asociados a las cualidades verdaderamente vitales.

El color de la piel, de hecho, la amplia gama de combinaciones ha evolucionado porque mejora las probabilidades de sobrevivencia en el entorno en que nos desarrollamos. La piel es uno de los marcadores más visibles de la variabilidad humana. Depende en todos los seres vivos fundamentalmente de un compuesto llamado melanina, derivado de un aminoácido componente de las proteínas, la tirosina. La melanina es la responsable del color de la piel y el cabello.

La melanina se produce y acumula en unas células llamadas melanocitos. Los mamíferos solo tenemos un tipo de célula pigmentaria. Otros animales, como los peces, anfibios y reptiles tienen una gran variedad de estas células, llamadas de manera general, melanóforos, iridóforos, leucóforos, etc., que acumulan otra serie de pigmentos, que, sumados a los efectos de difracción de la luz, crean patrones muy complejos de colores, en general muy bellos.

Los melanocitos se originan en una zona del cuerpo durante nuestro desarrollo embrionario, llamada cresta neural. Los melanocitos expresan fuertemente los genes de síntesis de melanina, especialmente uno que produce una enzima llamada Tirosinasa que cataliza la conversión de tirosina en melanina. Por cierto, esta enzima está presente en plantas, hongos y animales, donde hace exactamente los mismo…

Los melanocitos contienen unos cuerpos enzimáticos que sintetizan y acumulan la melanina, llamados melanosomas. Estos cuerpos son totalmente opacos a la luz y muy densos, como manchas negras, y no la dejan pasar, de manera que se ven oscuros. Los melanocitos tienen una forma estrellada, con prolongaciones, como los tentáculos de un pulpo. A medida que migran desde la cresta neural los melanosomas se van moviendo dentro de las células.

Si los melanosomas se acumulan más o menos en el centro de la célula, el melanocito permanece traslucido, salvo en esa zona, dejando pasar la mayoría de la luz. Si todos los melanocitos del cuerpo hacen más o menos lo mismo, la piel aparecerá como si no estuviera pigmentada, de color claro. Si los melanosomas se distribuyen por toda la célula, incluyendo sus prolongaciones, entonces la piel parecerá más oscura… Los albinos tienen dañado el gen de la tirosinasa, por lo que no acumulan el pigmento.

Los melanocitos migran de la cresta neural a muchos sitios del cuerpo como la piel, las raíces de los pelos, el iris de los ojos, etc. De la cresta salen como células inmaduras y van desarrollándose mientras llegan al sitio de localización, pero este viaje puede interrumpirse en ciertas zonas y así se dejan zonas sin pigmentación o pigmentación reducida. Por ello tenemos zonas del cuerpo más claras. A veces se detienen en ciertas zonas al azar, creando puntos más oscuros o lunares.

Entonces, la paleta de colores de la piel es el resultado de la producción de melanina en cantidad y tipo, de la localización de los melanóforos en las células y de que los melanocitos lleguen a su destino en la migración. Factores como el estrés pueden alterar la producción de melanina y entonces podemos ver la aparición de canas y manchas en la piel. Los melanocitos aquí no tienen capacidad de síntesis de melanina o incluso pueden estar ausentes del todo.

Por supuesto la tirosinasa no es el único gen involucrado en la paleta de colores. En la actualidad se conocen más de seiscientos de ellos y dentro de estos se encuentran los que determinan el color “rojo” del pelo, el color claro de los ojos, etc. Los melanocitos transfieren la melanina a otras células de la piel, llamadas queratinocitos, en la piel y podemos encontrar dos tipos básicos de melanina, la eumelanina y la feomelanina. Las personas de piel más oscura acumulan más eumelanina y las de piel más clara, poseen más feomelanina porque dependiendo de la proporción de estos compuestos, la piel será de más oscura a más clara.

La melanina cumple una función esencial: protegernos de la dañina luz ultravioleta de la radiación solar. Si funciona bien, sobrevivimos y tendremos descendencia que heredará los patrones de pigmentación protectora, por ello, en condiciones naturales, las poblaciones que habitan las zonas de mayor radiación son de piel más oscura. La pigmentación está cumpliendo cabalmente.

El color de la piel, del pelo, indica que tenemos las mejores condiciones para sobrevivir las consecuencias de la radiación solar, estamos adaptados de la mejor manera para el ambiente en donde vivimos. Solo eso, no somos más inteligentes, ni “más evolucionados”, ni socialmente mejor dotados o cualquiera de esas creencias sin fundamento alguno.

Recuerde, la diversidad genera mejores posibilidades de éxito como especie y le da más sabor a la vida…


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.