Con una primera referencia respecto a terminar con subsidios a los combustibles fósiles, al igual que un inesperado planteamiento entre Estados Unidos y China sobre cooperación conjunta, el documento aprobado en la sesión final de la COP26 fue reconocido como “decepcionante” y que “no trae esperanza a nuestros corazones”

 

Leonor Solís

Después de largas discusiones que se extendieron por un día más y tras la redacción de varios borradores, los casi 200 países reunidos en la Conferencia sobre Cambio Climático, celebrado en Glasgow, Escocia, adoptaron un documento final. Incluso tras una objeción de última hora de India y China, que diluyó el lenguaje en torno a la reducción del uso del carbón y la intención de acabar con los subsidios a los combustibles fósiles, el documento final incluyó por primera vez una referencia al papel de los combustibles fósiles en la crisis climática.

El «Pacto de Glasgow» propone a los Estados que informen de sus avances hacia una mayor ambición climática el año que viene, en la COP27, que se celebrará en Egipto. También que presenten a finales de 2022 nuevos compromisos nacionales de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero, tres años antes de lo previsto, aunque «teniendo en cuenta las diferentes circunstancias nacionales». El documento aunque no es legalmente vinculante, se espera que establezca una agenda global contra el cambio climático para la próxima década.

Durante la última sesión plenaria de balance, muchos países lamentaron que el paquete de decisiones acordado no fuera suficiente. Algunos lo calificaron de «decepcionante», pero en general reconocieron que era equilibrado para lo que los países podían acordar en este momento y dadas sus diferencias.

«Es un paso adelante incremental, pero no está en línea con el progreso necesario. Será demasiado tarde para las Maldivas. Este acuerdo no trae esperanza a nuestros corazones», dijo el principal negociador de Maldivas en un discurso agridulce.

Dicho documento si bien muestra algunos avances, son mucho menores de los que una mayoría considera necesarios. Al punto que el propio Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, afirmó que esto “refleja los intereses, las contradicciones y el estado de la voluntad política del mundo actual”.

Aunque se mantiene el objetivo de intentar contener el aumento de la temperatura media de la tierra en 1.5 grados, como marca el Acuerdo de París, muchas cuestiones continúan sin resolver y los compromisos siguen sin tener la suficiente ambición como para alcanzar tal objetivo. “No hemos conseguido los objetivos de esta conferencia. Pero tenemos algunos elementos para avanzar. Sé que están decepcionados. Pero el camino del progreso no siempre es en línea recta”, añadió el titular de la ONU.

Algunos de los principales puntos del “Pacto de Glasgow” son los siguientes:

  1. Recorte de emisiones: Tras el recuento de los actuales planes nacionales presentados en Glasgow para la reducción de emisiones para el 2030, conocidos como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés) son insuficientes para limitar el aumento d ela temperatura a 1.5°C y según los análisis publicados durante las conversaciones conducirían aun desastroso calentamiento de 2.4°

De entre los países principales emisores, sólo la India presentó una nueva NDC en las conversaciones, por lo que el trabajo de conseguir que las NDC de los países se ajusten al objetivo de 1.5°C, iba a prolongarse más allá de la cumbre de Glasgow.

Según el acuerdo de Paris los países requieren establecer nuevas NDC cada 5 años, por ello la cumbre del 2020 que fue aplazada por la crisis del COVID fue aplazada para este año, en la que se esperaban las nuevas NDC de los países. En el 2025 se plantea que se discutan las NDC para el 2030. Desafortunadamente cumplir con ese calendario llevaría a un calentamiento mucho má allá de 1.5°C. Uno de los objetivos más importantes para los anfitriones británicos era justamente elaborar una hoja de ruta para acelerar este proceso y revisar las NDC de forma más rápida.

Se consiguió que la revisión de las NDC se revise tanto el próximo año en la COP27 que se celebrará en Egipto, como en el siguiente en el 2023.

La redacción final quedó de la siguiente manera: “Se le solicita a los países a actualizar a más tardar el año entrante sus metas de reducción de carbono para 2030”

Esto puede parecer un retraso en el tratamiento del problema de la reducción de emisiones, pero de alguna forma esta medida ayuda a presionar a los países rezagados como el nuestro que no realizaron nuevas propuestas, lo hagan el año que viene y no hasta el 2025.

  1. Carbón: El carbón es el combustible fósil más sucio. La agencia Internacional de la Energía ha dejado claro que, si no se elimina rápidamente, el mundo no tiene esperanzas de mantenerse dentro de los 1.5 °C de calentamiento global. Para alcanzar el objetivo, hay que cerrar al menos el 40% de las 8.500 centrales eléctricas de carbón existentes en el mundo antes de 2030 y no construir ninguna nueva.

Una de las frases más discutidas del texto elaborado en Glasgow fue el compromiso de «reducir progresivamente» la generación de energía con carbón. Originalmente se trataba de una eliminación progresiva, pero India insistió en el cambio, a pesar de las peticiones de otros países en desarrollo.

Puede parecer increíble, teniendo en cuenta la importancia de los combustibles fósiles en la crisis climática, pero desde que se firmó el protocolo de Kioto en 1997 ninguna decisión de la COP ha hecho referencia directa a la eliminación de los combustibles fósiles. Esto refleja la feroz oposición de los países productores de petróleo y carbón, y de aquellos que dependen en gran medida del consumo de combustibles fósiles. Esto ha obstaculizado muchos avances en estas conversaciones, que se basan en el consenso para todas las decisiones tomadas. Por ello, incluso el compromiso suavizado fue acogido como un gran paso adelante.

  1. Adaptación y financiación del clima:

En cuanto a la escabrosa cuestión de la financiación de los países desarrollados para apoyar a los países en desarrollo en la adaptación y la mitigación del impacto del cambio climático , el texto subraya la necesidad de la financiación climática para lograr los objetivos del Acuerdo de París, incluido el aumento significativo del apoyo a los países en desarrollo, más allá de 100.000 millones de dólares al año.

Los países ricos acordaron en 2009 que los países pobres recibirían al menos 100, 000 millones de dólares al año a partir de 2020. Esto representaría un apoyo para ayudarles a reducir las emisiones y hacer frente a los impactos de la crisis climática. Pero en 2019, el último año del que se dispone de datos, se destinaron 80,000 millones de dólares.

Los países en desarrollo están enfadados por esta situación, que se reflejó en las conversaciones. Se les ha prometido que en los próximos cinco años se producirán aumentos que elevarán la financiación para los próximos cinco años a 500,000 millones de dólares. También los países en desarrollo prefieren que una mayor parte del dinero se destine a la adaptación, en lugar de a la reducción de emisiones.

Esto es importante porque la mayor parte de la financiación climática disponible actualmente, se destina a financiar proyectos de reducción de emisiones, como planes de energías renovables de empresas multinacionales. Sin embargo, los países más pobres, que necesitan dinero para adaptarse al impacto de los fenómenos meteorológicos extremos, tienen dificultades para obtener cualquier tipo de financiación.

Al final, el texto acordó duplicar la proporción de la financiación climática destinada a la adaptación. La ONU y algunos países pedían un reparto al 50% entre la financiación para la reducción de emisiones y la financiación para la adaptación, por lo que se ha quedado corto, pero sigue siendo considerado un paso importante.

La cuestión es que la redacción quedó de la siguiente manera: “Se le insta a (en lugar de comprometer a) los países desarrollados a duplicar los fondos para los países en desarrollo para ayudarles a adaptarse al cambio climático”.

  1. Pérdidas y daños: Las pérdidas y los daños se refieren a los estragos de la crisis climática que son demasiado destructivos para que los países puedan prevenirlos o adaptarse a ellos: huracanes y ciclones, por ejemplo, o la inundación de zonas bajas por las mareas de tormenta.

Los países llevan una década hablando de pérdidas y daños, pero las discusiones han avanzado poco. Los países en desarrollo afirman que ya están gastando grandes sumas de sus presupuestos, ya muy ajustados, para reparar los daños causados por la crisis climática, pero los países desarrollados desconfían de la forma en que a veces se ha planteado el debate, como un llamamiento a la compensación o a la reparación de los daños climáticos, que no pueden aceptar porque les expondría a una responsabilidad legal interminable.

En la última COP25, los debates avanzaron lo suficiente como para crear una base de datos y un sistema de comunicación e información, denominado Red de Santiago. Muchos países en vías de desarrollo esperaban que la COP26 supusiera un paso más hacia algún tipo de mecanismo de financiación de pérdidas y daños. Esto no ha sucedido, y el tema volverá a las conversaciones el próximo año.

El director de Energía y Clima del centro de análisis Power Shift Africa criticó la situación diciendo “En este último borrador falta la financiación para daños y pérdidas. No es un accidente. Los países ricos no quieren pagar por los perjucios que han causado”.

  1. Reafirmar el acuerdo de París. Algunos países acudieron a Glasgow para negarse a tomar medidas más contundentes y trataron de sugerir que centrarse en 1.5°C era «reabrir el acuerdo de París», cuyo objetivo principal es mantener el aumento de la temperatura «muy por debajo» de los 2°C respecto a los niveles preindustriales, al tiempo que se «prosiguen los esfuerzos» para limitar el aumento a 1.5°

Los anfitriones del Reino Unido y otros partidarios, como el estadounidense John Kerry, señalaron repetidamente que «muy por debajo» de 2°C no podía significar 1.9°C o 1.8°C, ya que esos no eran «muy por debajo», y que ir por debajo se acercaba a 1.5°C. También hay repetidas referencias en el texto a «la mejor ciencia disponible», que ha avanzado desde el acuerdo de París para mostrar aún más claramente que 1.5°C es mucho más seguro que 2°C  y que cada fracción de grado cuenta.

Así que el debate en Glasgow se ganó firmemente a favor de 1.5°C – en sí mismo un logro para los anfitriones del Reino Unido, y mucho mejor para el planeta.

Otros importantes anuncios que se hicieron durante la COP26 fueron los siguientes:

La cooperación Estados Unidos y China

En una inesperada declaración, Estados Unidos y China, se comprometieron a impulsar la cooperación en temas climáticos a lo largo de la próxima década. Acordaron tomar medidas en: emisiones de metano; transición hacia energía limpia y descarbonización

La declaración conjunta dice que ambas partes «evocarán su firme compromiso de trabajar juntos» para lograr la meta de incremento máximo de temperatura de 1.5°C. Al ser los dos mayores emisores globales el acuerdo se considera crítico para que la meta de mantener el aumento aumento de temperatura por debajo de 15°C grados sea realizable.

Con anterioridad, China no ha querido abordar las emisiones de carbón en el corto plazo, así que esta declaración se ve como un reconocimiento de la necesidad de tomar acción urgente.

Declaración de los líderes de Glasgow sobre los bosques y el uso de la tierra

Los líderes de más de 100 países, que representan casi el 85% de los bosques del mundo, prometieron frenar la deforestación para 2030.

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, al hacer la declaración dijo: «Proteger nuestros bosques no es sólo una medida para hacer frente al cambio climático, sino también para un futuro más próspero»

Sorprendió saber que en la declaración participaron países como Rusia, China y Brasil. El presidente ruso, Vladimir Putin, y también el de Brasil, Jair Bolsonaro, aparecieron en un mensaje pregrabado en el que apoyaban la promesa, entre otros líderes ausentes de la Conferencia.

«Firmar la declaración es la parte fácil. Es esencial que se implemente ahora», instó el Secretario General de la ONU, António Guterres

Esta declaración fue importante porque los árboles pueden absorber grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2), uno de los gases clave de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global. Iniciativas anteriores similares no han frenado la deforestación, pero esta está mejor financiada. Sin embargo, no está claro cómo esa promesa se vigilará y cumplirá.

Para concluir, al igual que se vio en la COP25 de Madrid -celebrada en 2019 y que ostenta el récord de ser la más larga de la historia-, la sensación final de esta COP26 celebrada en Glasgow es que la brecha entre las demandas ciudadanas y científicas y lo que finalmente hacen los gobiernos es inmensa.

 


Fotografía: Markus Spiske | Unsplash


Mi pasión personal y profesional es la comunicación ambiental, en específico la comunicación audiovisual ambiental. Trabajo realizando esa labor en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM. Soy miembro de la mesa directiva de la Asociación Internacional de Comunicación Ambiental y miembro fundador de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia. Me gustan muchas cosas muy disímiles, pero más me gusta la idea de compartir, compartir curiosidad, aficiones, gustos. Compartir y construir juntos. Por eso me dedico a compartir lo que me encanta y me parece importante. Encontrar otros que comparten lo mismo, hacen y no se dan por vencidos, es el regalo.  Espero nos encontremos en este camino.