“Como estamos viendo en ´tiempo real´ la evolución del virus debido a la vigilancia necesaria por tratarse de un problema pandémico, tenemos la impresión de que “muta” a propósito, es decir, sus cambios tienen una finalidad, lo cual es una interpretación errónea. El ciclo de reproducción de un virus es muy rápido, comparado con una bacteria y aún más con nosotros”.

 

Horacio Cano Camacho

Cada que “abro” la prensa me encuentro con alguna nota relacionada al surgimiento de nuevas variantes, mutaciones detectadas, subvariantes y montones de amenazas que se nos vienen. Los periódicos parecen regodearse de estos cambios detectados o por detectar en el SARS-CoV2, como si se alegraran de la llegada de uno más terrible y terminan comerciando con el miedo. Tanto insisten, que ya casi agotamos el alfabeto griego. Un fenómeno muy parecido a la fábula de Pedro y el lobo. Tanto insisten en esta estrategia, que la respuesta social es ya el hartazgo, la habituación, seguidas de la inmovilización y la indiferencia que sucede al miedo.

El problema fundamental es la inmediatez de la información y la falta del filtro científico riguroso. Todos los seres vivos -y los virus son entidades biológicas- cambiamos y la fuerza principal del cambio es la mutación. Esta pandemia la estamos viviendo “en tiempo real” y parecería, según las notas de prensa, que los cambios operados en el virus detrás de la covid siguen un plan perverso y consciente para hacernos daño.

Vamos a platicar un poco sobre esto. El origen de todo proceso biológico está determinado en el material genético, un reservorio de información que guía todos los procesos, los caracteres y la herencia de los seres vivos. La información está almacenada en el ácido desoxirribonucleico, mejor conocido como ADN (o DNA). Algunos virus, usan al ácido ribonucleico (ARN o RNA en inglés) con el mismo propósito, como el caso del SARS-CoV2 o el virus de la influenza, el SIDA, el Ébola, entre otros. Los genes y el resto del ADN (o ARN) constituyen el genoma de un organismo.

La información genética se almacena en los genes, que se pueden definir como secuencias de nucleótidos con información, las famosas bases GATC y GAUC (en el ARN) que constituyen tiras de cientos o miles de ellas portando la información para el acomodo de la secuencia de aminoácidos de las proteínas. El genoma se duplica para preservar la información y heredarla a la descendencia.  En una tira de miles o millones de estas “letras” se pueden cometer errores al momento de copiarlas, un proceso que ocurre de manera espontánea y al azar. También la secuencia se puede alterar por efecto de agentes físicos o químicos. Estos cambios son llamados mutaciones.

En una tira de “letras” podemos calcular la probabilidad o frecuencia de estos cambios al momento de la copia. A eso le llamamos tasa de mutación. Los humanos heredamos unas 100 a 200 mutaciones nuevas que no existían en nuestros padres, un error por cada 30 millones de nucleótidos (recuerde que nuestro genoma tiene más de tres mil millones de nucleótidos en su ADN), de manera que cada uno de nosotros es un mutante… En realidad, es una tasa de mutación muy baja, cambiamos realmente poco de una generación a la siguiente. Debemos decir que, aunque acumulamos más mutaciones al nacer que ómicron, por fortuna, la mayoría de estas mutaciones son inocuas o no tienen mayores consecuencias sobre nuestra salud o aspecto.

Las bacterias mutan con mayor frecuencia, alrededor de una mutación por cada 100 millones de bases. Los organismos que tenemos ADN como material genético, poseemos mecanismos de detección y corrección de los errores cometidos durante la duplicación del material genómico y esto mantiene a raya las mutaciones y permite la invariancia reproductiva, es decir, la “constancia” de las especies, aunque tal constancia no es absoluta.

El problema con los virus y en particular con los de ARN es que no editan o corrigen los errores, de manera que de una generación a otra, el número acumulado de mutaciones es alto. Pero como en el resto de seres vivos, la mayoría de las mutaciones son neutras, incluso letales para el virus.

Como estamos viendo en “tiempo real” la evolución del virus debido a la vigilancia necesaria por tratarse de un problema pandémico, tenemos la impresión de que “muta” a propósito, es decir, sus cambios tienen una finalidad, lo cual es una interpretación errónea. El ciclo de reproducción de un virus es muy rápido, comparado con una bacteria y aún más con nosotros. El número de generaciones se puede contar en minutos, de manera que “vemos” estos cambios en días, semanas o meses, pero lo que vemos, son las mutaciones que resultaron ventajosas o por lo menos neutras para el virus y no los miles que no le dieron ventaja alguna o resultaron fatales para el portador y eso se interpreta mal, como un camino trazado de antemano.

Los virus están sujetos a selección natural darwiniana, de manera que cualquier mutación es confrontada por su capacidad de darle al portador alguna ventaja, por ejemplo, reconocer más eficientemente el receptor de las células que infecta, reconocer un receptor distinto o cambios estructurales que “escapen” de los anticuerpos generados por el huésped para versiones previas del virus. Si alguna de estas características se generó o mejoró con alguna mutación, ese virus infectará a las células, reproduciéndose y heredando esa mutación ventajosa. Pronto, los virus que la portan serán más numerosos que los que no la tienen y al competir por los mismos receptores ganarán la carrera.

Como un virus no sobrevive fuera de las células, los menos exitosos desaparecerán, la mayoría sin dejar constancia de su existencia. Y este fenómeno ocurrirá en todo momento, todos los días y es inevitable. Un virus altamente eficiente para infectar y matar, será exitoso al inicio, sin embargo, al matar tan fácil a su huésped, desaparecerá porque no habrá a quien infectar. Un virus menos exitoso para matar, pero más eficiente para infectar, sobrevivirá y se expandirá rápidamente y le ganará a los otros. Es el caso de ómicron y delta. Este último genera más daños y mata más y está perdiendo la carrera contra ómicron. Por eso se habla de la posibilidad de que esta sea la última de las grandes olas de la pandemia, pero en sentido estricto no lo sabemos, ya que las mutaciones son al azar y ocurren sin dirección alguna.

Lo que si podemos hacer, es reducir la oportunidad de que estas mutaciones se den y eso solo es posible vacunándonos y evitando contagiarnos. Entre mas oportunidad de reproducción tenga el virus, mayor probabilidad de mutaciones tendrá. El efecto de tales cambios no lo sabemos, en una de esas se extingue solo, pero también es posible que surjan otras mutaciones más contagiosas o más peligrosas. Pero esto sucede en toda la naturaleza y de manera constante. Ahora lo vemos por la enorme cantidad de estudios realizados sobre el SARS-CoV2, pero tenemos miles y miles de enemigos al acecho, hay que tomarlo con tranquilidad y que los expertos sigan vigilando, nosotros solamente debemos cuidarnos…


Originario de un pueblo del Bajío michoacano, toda mi formación profesional, desde la primaria hasta el doctorado la he realizado gracias a la educación pública. No hice kínder, por que en mi pueblo no existía. Ahora soy Profesor-Investigador de la Universidad Michoacana desde hace mucho, en el área de biotecnología y biología molecular… Además de esa labor, por la que me pagan, me interesa mucho la divulgación de la ciencia o como algunos le dicen, la comunicación pública de la ciencia. Soy el jefe del Departamento de Comunicación de la Ciencia en la misma universidad y editor de la revista Saber Más y dedico buena parte de mi tiempo a ese esfuerzo.