Desde su mención en textos como el Chilam Balan, que resalta sus cualidades como tinte y medicinal, el azul añil se mantiene a punto del olvido por su reemplazo con elaboraciones industriales, muy ajenas a sus procesos naturales de obtención, como resalta este texto publicado en Cienciario en octubre del 2017.

Rafael Salgado-Garciglia

En la gama natural de colores azules, hay uno del que los mexicanos y otros pueblos latinoamericanos debemos de sentirnos orgullosos, me refiero al azul añil o también denominado índigo, un tinte producido a partir de añil (Indigofera suffruticosa), una planta arbustiva de la familia de las leguminosas, cuyo centro de origen es México.

Debido a que la palabra añil significa color celeste en árabe, llamado índigo o indiotinta en Asia, particularmente en India, se especulaba que el azul añil, que se utilizaba en América era de origen asiático, pero en realidad en esos lugares lo obtienen de otra especie de Indigofera, la Indigofera tinctoria, nativa de la India.

Por los descubrimientos de textiles en una cueva en Chiapas y al encontrar este color en diferentes códices, vasijas y murales mayas, de Cacaxtla, Zaachila, Tula y hasta en el Templo Mayor, no hay duda de que el añil se produce en México y Centro América desde tiempos prehispánicos. Además, su uso es mencionado en diferentes crónicas coloniales, resaltando los códices sagrados de los mayas (Chilam Balam), en donde se describen sus propiedades como tinte y medicinal. En éstos, se refieren al añil como xiuhquilitl, que en náhuatl significa “hierba azul”, que pertenece a las especies americanas de Indigofera.

Al añil se le conoce también como jiquilite o xiquilite por derivación del náhuatl, tzitzupu en Michoacán, en maya “ch’oh” que significa azul turquesa, pero comúnmente como hierba azul, añil montés o añil de piedra. La especie Indigofera suffruticosa se distribuye en algunas regiones de México como Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Nayarit, Jalisco, Estado de México y Morelos, y otra especie con características muy similares (Indigofera guatemalensis) crece particularmente en los países de Centro América (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) y en algunos del Caribe. De hecho, en el continente americano podemos encontrar otras especies nativas de Indigofera. En todos estos lugares, el añil se procesaba para el teñido de indumentarias de uso común o para rituales.

Proceso de Obtención del Azul Añil

En donde aún se cultiva y procesa el añil, la forma de obtener el índigo sigue los procedimientos ancestrales, utilizando una técnica muy sencilla, de mucho trabajo y óptimos rendimientos, como lo expresó alguna vez Fray Bernardino de Sahagún:

“Hay una hierba en las tierras calientes que se llama xiuhquilitl, mojan esta hierba y exprímenle el zumo, y echándolo en unos vasos allí se seca o se cuaja, con ese color se tiñe de azul oscuro y resplandeciente, es color preciado”.

Principalmente las hojas y ramas tiernas de la planta de añil son colocadas en el fondo de una pileta, sostenidas con piedras, la cual se llena de agua para que se realice la fermentación, pasadas un poco más de doce horas, el agua se bate para airearla u oxigenarla en forma manual con palos en forma de remos, permitiendo se forme una espuma blanca, lo que indica dejar en reposo para que sedimente el azul al fondo. Finalmente se vacía la pileta hasta que aparece el agua con tinte azul, se filtra a través de una tela fina, obteniendo una masa de tinta, la que después de un periodo de secado se consigue el añil en piedra, el que se hace polvo para teñir.

El índigo es insoluble en agua y no se encuentra como tal en las plantas, es con el procedimiento que éste se obtiene. Es el compuesto incoloro y soluble en agua llamado indicán (indoxil beta-D-glucósido), que durante el primer reposo o fermentación, libera el compuesto indoxilo, el que se une a otra molécula idéntica (dimerización) al agitar el agua, por la oxidación debido a la aireación, para finalmente producir el compuesto colorido índigo, que al ser insoluble, se acumula en el fondo de la pileta.

¿Por qué lo hemos olvidado?

Con la identificación de la estructura química del índigo por Alfred von Baeyer y la invención de su síntesis química a finales del Siglo XIX, los países exportadores de este tinte sintético, sustituyeron al índigo natural y actualmente se industrializa para el teñido de la tela de mezclilla azul para fabricar los “jeans” y como colorante aditivo de alimentos (caramelos, bebidas y helados) en forma de indigotina.

Por lo anterior y el poco apoyo que se brinda a los productores de añil en México, así como lo desvalorizado que se encuentran los productos textiles elaborados de manera artesanal, el cultivo de esta planta casi desaparece. Sin embargo, aún se cultiva y se produce el azul añil en contadas comunidades como en La Huacana (Michoacán) y en Santiago Niltepec (Oaxaca), de este último lugar se abastece el índigo a Teotitlán del Valle, también en Oaxaca, donde se elaboran sus famosos tapetes.

Por el auge de los productos orgánicos, en particular por los colorantes naturales, para su aplicación en la industria textil, alimentaria y cosmetológica, debido a que se consideran más saludables y menos dañinos para el ambiente, se espera que el cultivo del añil para la producción del índigo renazca y no nos olvidemos de este azul tan mexicano.


Fotografía: Pixabay.


Profesor e Investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Biotecnólogo y cultivador de plantas, pero también… de ciencia.